Apuntes Perdidos

APUNTES PERDIDOS

 

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Influencias

Hoy he decidido no escribir tanto. Ante las prisas, he recurrido a las influencias. Aquellas frases que han marcado el oficio y el quehacer. Esos hombres que han escrito, o dicho, frases que luego uno piensa: ¿Por qué no se me ocurrió a mí?

Hoy, apuntes perdidos, y ajenos.

Ya hace algunos meses que quería escribir esto. Murió el Hijo del Perro Aguayo en Tijuana. Entonces leí algunas crónicas. Seguro que eran reporteros principiantes, verdes, porque escribían como viudas condolidas, no como privilegiados por estar ahí para reportar ese evento trágico. El sueño de cualquier obrero de este oficio. Y recordé a Pérez Reverte, aún antes de que se dedicara a escribir novelas. El Pérez Reverte, corresponsal de guerra para la televisión española, decía: “Un periodista horrorizado, conmovido hasta el balbuceo por una realidad horrible, no hace bien su trabajo”.

Estuve en Monterrey por dos semanas. Allá tuve la oportunidad de ver un partido de Copa Libertadores. Jugaban los locales Tigres, equipo que, he de aceptar, nunca me ha simpatizado. Compré un boleto en reventa, casi regalado: 150 pesos en platea, muy cerca de la cancha. A mí alrededor, hombres y mujeres poseídos por el embrujo que envuelve a ese gigantesco y viejo estadio al que ahora llaman El Volcán. Ganaron los Tigres y aquello se volvió una locura. Y yo, como por arte de magia, víctima de ese embrujo, tengo un recuerdo entrañable de esa noche en la que terminé formando parte de río de gente vestida de amarillo que avanzaba en feliz retirada sobre la avenida Universidad. Bien decía el escritor argentino Eduardo Sacheri: “Hay quienes sostienen que el futbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de futbol”.

Regresé de Monterrey y me encontré con que Donald Cañedo no era más manager de los Marineros de Ensenada. Su salida coincidió con la llegada de uno de los peloteros de mayor trayectoria en la plaza: Uriak Márquez. En cuanto llegué, me propuse entrevistar a Donald, que, sin objeciones, argumentó que, además de los resultados negativos del equipo de la Liga Norte de México, la incorporación del venezolano fue el principal motivo de su partida. No es nada personal, dijo, y argumentó cuestiones internas sobre sus discrepancias. En contraste, el legendario manager de los Rojos de los años setenta, Sparky Anderson, afirmaba: “Una de las personas que peor me ha caído en mi vida, era regular en mi alineación por buen beisbolista”.

Encontré un canal de televisión abierta en el que todos los conductores (por decirles de alguna manera) adulan a sus invitados, políticos todos, por supuesto. En resumen, esa señal borrosa llena de adulones en busca de abastecer la pauta publicitaria en base a cumplidos hacia quienes pretenden repartir, o reparten, dinero público desde los pomposamente llamados cargos de elección popular, me llevó a una cita del escritor y periodista peruano Jaime Bayly: “El periodista tiene que estar en la oposición y no puede instalarse en las alfombras, en los oropeles del poder. El periodista tiene que ser crítico, y si aspira a ser millonario o ministro o canciller, dejó de ser periodista. Para aplaudir hay un montón de gente, sobran, entonces hace falta una voz disidente, una tribuna desde donde fastidiar y buscar los vicios, los pecados de los poderosos”.

En el beisbol de Baja California, las medallas de los chicos en la Olimpiada Nacional son moneda de cambio para legitimar la dictadura de Freddy Lugo, el dirigente que, en base a trampas y caprichos, elimina del camino a sus opositores. En su asociación no pueden existir voces que discrepen, que cuestionen, porque no hay democracia. Pasan los años y su gestión anacrónica sigue impune, incluso apoyada por las autoridades de la federación de su deporte y el mismo estado. Después de 17 años, el beisbol de Baja California recuerda alguna de las descripciones del Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, sobre el tema: “Toda dictadura es como un charco donde prospera todo tipo de alimaña. Los dictadores hacen elecciones y plebiscitos. Lo sorprendente es que ganan limpiamente”.

Y perdió el Necaxa. No hubo ascenso. Los Dorados, hermanos de los Xolos, son el equipo que llega a la primera división para conservar el número de competidores y reducir el número de dueños. Los Rayos no son un equipo de masas, pero tienen sus aficionados. Según el escritor mexicano Juan Villoro, necaxista confeso: “El Necaxa es como la literatura, sólo para minorías ilustradas”.

Sobran frases, falta espacio. Habrá continuación.

Marco Antonio Domínguez.  Trabajó en los grupos radiofónicos Estereo Sol 92.1 y Grupo ACIR, donde condujo y dirigió programas deportivos, entre 1994 y 2003. Produjo y presentó el programa semanal de televisión "Tiempo Extra" en Canal 5 de Cable, parte de Síntesis TV, de 1999 a 2003. Desde noviembre de 2002 hasta abril de 2012 fue reportero de la sección deportiva de Periódico El Vigía. También ha colaborado para medios como ESPN.com, Agencia Fronteriza de Noticias, Puro Beisbol, Periódico Frontera y AGP Noticias.

Marco Antonio Domínguez.
Trabajó en los grupos radiofónicos Estereo Sol 92.1 y Grupo ACIR, donde condujo y dirigió programas deportivos, entre 1994 y 2003.
Produjo y presentó el programa semanal de televisión “Tiempo Extra” en Canal 5 de Cable, parte de Síntesis TV, de 1999 a 2003.
Desde noviembre de 2002 hasta abril de 2012 fue reportero de la sección deportiva de Periódico El Vigía.
También ha colaborado para medios como ESPN.com, Agencia Fronteriza de Noticias, Puro Beisbol, Periódico Frontera y AGP Noticias.

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