Apuntes Perdidos

APUNTES PERDIDOS

 

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Amor del bueno (Encuentros y desencuentros)

La volví a ver el sábado. Fue incómodo, triste, inexistente aquella pasión de los buenos tiempos, reemplazada ya por el hartazgo. Me encontraba en un café cuando llegó el momento. Debo precisar que no es que no haya sentido algo al verla. Aún hay amor. No es asunto menor ni que se vaya con accionar un interruptor, sobre todo por lo vivido durante los últimos tres años cuando irrumpió con mayor fuerza que nunca. Lo admito: a través de ese tiempo hubo altas y bajas. Y tengo que confesarlo también: durante dicho período sucumbí a la tentación y podría decirse que pequé seducido ante otros encantos, novedades pasajeras. Pero los amores tormentosos como el que les relato en esta ocasión, se arraigan de tal manera que resulta estéril cualquier intento de sustitución para sanar heridas internas, aun cuando uno sabe que las ráfagas de felicidad serán tan efímeras como constantes las decepciones. Eran ya casi las ocho, por la noche, y estaba sentado en una esquina del café, cuando, de pronto, me encontré sumido sobre el asiento, derrotado al verla frente a mí sin poder reaccionar: ni sonrisa ni desdén, nada, ni una sola emoción. La tenía frente a mí y tomé la decisión más práctica, según yo. Sí, hui. El encuentro realmente me afectó dejando síntomas preocupantes como mal sabor de boca, molestia, decepción. ¿Es para tanto?, pensé. Así que, buscando alivio, caminé rumbo a casa -mínimo media hora de trayecto- para desintoxicarme. Lo hice en automático y me encontré haciendo escala dentro de una taquería donde confirmé el tino de la decisión y la consecuente prolongación de la misma al mantenerme incomunicado a cualquier tema que reabra la herida desde esa noche de sábado. Con dos de asada y uno de adobada depositados sobre el plato desechable (tenía hambre, realmente ¿era para tanto?), me enteré de lo sucedido al final del encuentro al que decidí renunciar de manera abrupta, casi huyendo de ese café después de cerrar la computadora portátil. León, gracias a dos golazos de Boselli, salía del Azteca con tres puntos en pleno torneo de centenario. No pude más que imaginarla convertida en una especie de trapo, tono crema deslavado, tan fiel a lo que ahora me transmite esa camiseta en sintonía con la actitud de sus portadores, contrastante con el seductor azulgrana catalán o las elegantes rayas blancas y negras turineses que en los malos tiempos de la relación me han llevado a cometer deslices, infidelidades futboleras. Pero al final sé que en el corazón no se manda y que ahí estaré, listo para el próximo encuentro.

Marco Antonio Domínguez. Colaborador AGP Deportes.

Marco Antonio Domínguez.
Colaborador AGP Deportes.

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