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APUNTES PERDIDOS

Por Marco Antonio Domínguez Niebla Ojos de amor No sabría explicarlo de otro modo: Fue un instinto. Presintió que ella venía cerca. Y cuando volteó hacia abajo, lo confirmó. La miraba desde el balcón de un café en el que solían encontrarse, primero de manera furtiva y luego para festejar su amor aunque fuera por […]

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Ojos de amor

No sabría explicarlo de otro modo: Fue un instinto. Presintió que ella venía cerca. Y cuando volteó hacia abajo, lo confirmó. La miraba desde el balcón de un café en el que solían encontrarse, primero de manera furtiva y luego para festejar su amor aunque fuera por sólo unos minutos robados a ese asunto, tan secundario a esas alturas, llamado trabajo. Ya había pasado tiempo de eso. Poco, en realidad. Demasiado para él. Ella cruzaba la calle como siempre, deprisa, en lo suyo, atendiendo el celular, corriendo hacia su oficina, justo en el momento en que a él no se le ocurría de qué escribir para la publicación del martes que vendría; y entonces recordó que había decidido dedicarse a contar historias relacionadas con el deporte precisamente por las analogías que esta materia le brindaba (a diferencia de otras especialidades tan distantes del corazón como la policiaca, la política o las sociales), y así poder utilizarlas a modo de herramienta para el desahogo de amores, desamores, éxitos y fracasos. El encuentro, entonces, le supuso la situación de aquel entrenador que ha encontrado el proyecto de su vida y se consagra a él, pero, después de la luna de miel que trae consigo los escarceos y las primeras consumaciones, la dirigencia lo echa sin tiempo para la adaptación, apenas ante la primera crisis de resultados. O igual que pasa con los ídolos que, frente al primer desplante o la primera descortesía, pasan de la veneración al rechazo de esa masa amorosa o brutalmente cruel conocida como afición. Así de contundente: tan unilateral es la toma decisiones en el corazón como en la oficina dirigencial o la tribuna de un estadio, porque, a final de cuentas, como en toda relación, del tipo que sea, jamás basta con una de las voluntades. Ante la vorágine de emociones que le generó aquel vistazo fortuito, una cosa le quedó a él bien clara: si fuese técnico o jugador, ella sería el equipo de sus amores, de su vida, ese proyecto trunco que pudo llegar a ser. Y no sólo eso. También experimentó en toda su magnitud esa sensación, inédita en su vida hasta entonces, de mirar a alguien con ojos de amor. Y es que ella siempre, desde que él la conoció, ya hace tantos años, había sido hermosa. Pero esa mañana de 14 de febrero, él la halló, entre sus recuerdos, más bella que nunca.

Marco Antonio Domínguez.
Colaborador AGP Deportes.

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