Apuntes Perdidos

APUNTES PERDIDOS

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Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Las cenizas del imperio

En el 78, seré sincero, no los recuerdo, aun cuando vi cada uno de los juegos televisados, ahí tirado frente a la sala de casa con la pelota a un lado. Espero me comprendan: apenas cumplía seis. Seguro eran favoritos como siempre, ya bicampeones entonces y víctimas el Brasil de Pelé en la final del 70. Pero mi memoria sólo registra de entonces a la gloriosa albiceleste ganadora del mundial de la dictadura en casa bajo el mando del Flaco, así como la desastrosa selección mexicana, sotanera y goleada por Alemania, Polonia y Túnez.

Cuatro años después sí que los recuerdo: culpables de mis primeras lágrimas a causa del futbol. Brasil nos enamoró a todos y Paolo y compañía se encargaron de echar a la chica bonita del mundial español. Un montón de corazones rotos viéndolos más tarde coronarse en el Bernabéu ante los alemanes.

En el 86 casi dormí con una de las inauguraciones más olvidables de un mundial inolvidable, la mexicana en el Azteca, muy a tono con el empate amargo con los búlgaros. Semanas más tarde, los franceses, con su primera generación dorada ya casi de salida, los acomodó en el avión de regreso con un 2-0 sobre la cancha de CU.

Luego Baggio y Maldini con caras de niño en su mundial, y la irrupción del Salvatore de la Patria, Toto Schillaci. Pero el acomodo en la ronda de matar o morir los colocó de visitante en propia casa: la Argentina de Diego, más local que ninguna en Napoli, los echó en penales durante la semifinal del 90.

Otra vez los penales cuatro años más tarde. Ni el genio Arrigo desde el banquillo, ni El Divino Baggio sobre la cancha y desde los once pasos, pudieron con el Brasil que ya no enamoraba pero volvía a ganar en la final del mundial norteamericano.

Cuando el mundial francés pocos recuerdos de ellos. El viejo Maldini tomó el mando, pero ni con su hijo volando por todo lo largo de la banda izquierda evitó la vuelta a la mediocridad.

Amos de la sospecha como especialistas en pactar marcadores desde la penumbra, pagaron una en el mundial asiático. En octavos apareció Corea. Y en la banda los jueces de línea. Así, entre sospechas, fueron despedidos en octavos.

Y entonces, de nuevo, el resurgimiento. El canoso Lippi se había cansado de ganar con la Juve de los noventa, así que sabía cómo hacerlo. Y con Gigi Buffon en el arco, Cannavaro en el fondo y el gran Del Piero adelante, condujo al tetracampeonato en penales ante la Francia que para el momento de dicha definición ya no contaba con su mejor jugador, botado de la cancha cuando uno de los patanes célebres de las Copa del Mundo, Materazzi, deslizó alguna procacidad dirigida a casa de los Zidane. En consecuencia, el mago Zizou dijo adiós para siempre después de un cabezazo histórico, pero no sobre la pelota: un italiano puso gustoso el pecho, no a las balas, sí a su cabeza afeitada.

En 2010 y 2014 ni segunda ronda ni nada digno por recordar. Tan sólo la gestación del fracaso consumado este día. Gigi, legendario ya de por sí (incluso sin otro mundial), llorando durante la noche de triste de Milán, testigo desde el fondo de los 180 minutos sin gol frente a los suecos. Italia sin mundial. Y algo hará falta en Rusia: un grande de verdad. Ya resurgirán, quieran o no. Su historia los condena.

*El autor el colaborador de AGP Deportes.

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