Apuntes Perdidos

APUNTES PERDIDOS

Alejandro Zepeda

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Una vez Maradona en Tijuana

Cada vez parece menos aquel que fue como futbolista, para muchos el mejor de cualquier época, de todos los tiempos.

De aquella figura menuda pero esbelta, veloz y habilidosa con el balón en los pies, hoy queda un hombre con sobrepeso, asistido hasta para caminar. Una caricatura de él mismo.

En esencia, sin embargo, sigue siendo el chico de barrio, rebelde y antisistema, que repartía frases tan célebres como picantes con la misma velocidad que driblaba rivales sobre la cancha, sólo que ahora ya como un hombre de casi sesenta, cuyo hablar lento y dificultoso, se compensa con cada sentencia, dilatada pero letal, sin filtro.

Diego Armando Maradona, el técnico, llegó a la sala de prensa del Estadio Caliente después de que sus Dorados de la segunda división mexicana vencieron por la mínima a los locales Xolos de la primera, sus hermanos, propiedad de la familia Hank, con un gol a diez minutos del final del amistoso sostenido en la frontera.

También lo hizo después de dejar titulares, notas de ocho, durante el par de entrevistas que concedió en el mismo estadio de Tijuana tanto a ESPN como a Fox Sports, principalmente aquella en la que cuestionó a Lionel Messi, siempre comparado con él, pidiendo no “endiosarlo” ni esperar que sea el líder que él sí fue en la selección argentina.

Y si los ex jugadores con quienes compartió la cancha destacan su generosidad, los representantes de los medios de comunicación que lo esperaron después del juego muy de noche y con lluvia, recién finalizado, igualmente fueron recompensados con ese mismo valor.

Sentado ahí, el hombre de los excesos, el mismo que alguna vez inspiró una “religión” y que ha sido calificado como “dios” por fanáticos de su país, tampoco dejó títere con cabeza.

De México y Argentina, selecciones con técnicos interinos después de tres meses de concluido el mundial y próximas a enfrentarse dos veces durante la fecha FIFA de noviembre, dijo: “Estamos los dos en Primera B” porque “no hay recambio”.

En cuanto al futbol mexicano de nivel selección, insistió en la crítica hecha a su llegada como técnico de Dorados: “México equivocó el camino” y “se acostumbró a ganarle a los débiles”.

“Yo respeto a Costa Rica (rival de México en la reciente fecha FIFA), pero yo me iría a jugarle a Alemania o a Bélgica”, remató.

Y sobre lo que pasa en su país, incluida la actualidad de la selección con la que en su momento ganó el Mundial Juvenil del 79 y luego la Copa del Mundo del 86, lamentó el estado de la Asociación de Futbol Argentina heredado de la gestión del fallecido Julio Grondona.

“Dejó una AFA con deudas, Argentina salía y ganaba millones de dólares por partido y hoy no sé si le ofrecen cien mil”, murmuró en esa manera suya de hablar hoy en día, arrastrada, a veces inaudible.

Y para rematar, con su rigor característico, se refirió al entrenador interino de la selección argentina, Lionel Scaloni, nunca técnico titular pero sí auxiliar de Jorge Sampaoli en la Copa del Mundo de 2018.

Primero lo calificó como “un gran chico”, con el cual estaría dispuesto a “comer un asado” o “tomar un café”. Y luego lo liquidó: “Pero que no me hable de la selección argentina porque le queda muy grande”.

Entonces se paró. Dijo lo que tenía que decir, por lo pronto. Alguien, entre los asistentes, gritó: “¡Te queremos, Diego!”. Él apenas murmuró un lacónico, un desinteresado “gracias”. Y ascendió a pasos lentos la breve hilera de escalones rumbo a la salida del lugar, una tarea lo suficientemente desafiante para él a esta altura del partido.

*El autor es colaborador de AGP Deportes.

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