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Por Marco Antonio Domínguez Niebla

A la vista, y en Boca, de todos

“Otro chico Bragarnik”, se comentaba en los pasillos del Caliente de Tijuana, como una de las primeras referencias a la cercanía del promotor argentino con los locales Xolos, a donde uno de sus representados, “Pipa” Benedetto llegaba sin llamar demasiado la atención.  Sus credenciales tampoco ayudaban para ensanchar la expectativa. Desde el muy menor Arsenal de Sarandí de su natal Argentina, el delantero aterrizado en la frontera mexicana por la segunda mitad de 2013 (para suplir a aquel colombiano idolatrado por la afición de casa, Duvier Riascos), apenas registraba 12 goles en 55 partidos. Sus barbas incipientes y un pequeño tatuaje al cuello, acentuando su facha de rebelde, contrastaban con la amabilidad mostrada frente a la prensa por el refuerzo estelar de la era Almirón durante su presentación en esa misma era post-Mohamed y post-campeonato y post-Libertadores. Se le veía feliz entonces. Pero algo le preocupaba: “En Argentina no se puede ver el futbol mexicano”. En consecuencia, lamentaba, la novia  y la familia tendrían que “ver los partidos por internet”. Faltaban horas para su debut en México. Sería contra Atlas sobre el pasto sintético del Caliente, superficie donde, advertía, “los jugadores se enredan con la pelota, y no porque no sepan jugar, sino porque la cancha está muy complicada”. Él no tuvo problema esa vez. Tijuana empató a tres con los rojinegros de Guadalajara. Todos los goles locales fueron suyos. No hubo, para él, mejor noche que aquella primera. Lo de Xolos, en lo colectivo, decepcionante el resto de la competencia, con él o sin él sobre la cancha, porque las lesiones del atacante Darío Benedetto fueron una constante. Sin embargo, sano, siempre respondió, tanto que hizo más goles que nadie para la franquicia antes de partir. Porque, de pronto, de disparo fácil y certero, halló el salto a un grande de México. Luego extrañó aún más que desde aquel América, también de picos más bajos que altos en el que terminó como suplente, se proyectara a un grande de Argentina. A los meses llegaron noticias desde lo más profundo del continente. El atacante de Boca, ex Xolos de Tijuana y América de México, consagrado como goleador del torneo argentino. El “Pipa” en boca de todos a partir de entonces, tanto por sus goles como por la lesión que lo echó del mundial ruso y la posterior recuperación que le ha alcanzado para anotar tres veces en los pocos minutos de que dispuso para echar a Palmeiras por el pase a la final de Copa Libertadores: dos en Buenos Aires y uno en Sao Paulo. Hoy, en la víspera al cruce histórico frente a River Plate, Guillermo, el DT de Boca, está por definir su once para el sábado en La Bombonera, con la duda de ir con un solo nueve o sumar de inicio a su reemplazo estelar durante la ida y la vuelta de la semifinal. Esa, por ahora, será la única preocupación del “Pipa”, a quien, instalado como protagonista de la final soñada, la nunca antes vista, ya podrán verlo de cerca la novia de entonces (hoy esposa y madre de sus hijos) y la familia, papá, hermanos, todos…

*El autor es colaborador de AGP Deportes.

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