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Por Néstor Cruz Tijerina Sobre las carreras caras Partiré de la idea de que el atletismo, en general, es un deporte genuinamente popular, porque no requiere de instrumentos caros: sólo un par de tenis medianamente decentes y mucho corazón. Aunque con menos de unos tenis decentes se han forjado grandes estrellas en este deporte. Nadamás […]

Por Néstor Cruz Tijerina

Sobre las carreras caras

Partiré de la idea de que el atletismo, en general, es un deporte genuinamente popular, porque no requiere de instrumentos caros: sólo un par de tenis medianamente decentes y mucho corazón.

Aunque con menos de unos tenis decentes se han forjado grandes estrellas en este deporte. Nadamás hay que voltear a ver el origen de los grandes kenianos. O a los famosos tarahumaras en chanclas y sin ni un peso de apoyo gubernamental, que ahí andan por todo el mundo ganando ultramaratones.

Entonces, cuando un promotor de carreras cobra 400, 500 ó 600 pesos por ir a sudar un ratito y recibir, sí, a veces, varias prestaciones, se está limitando la asistencia, pues porque estamos en México y hay familias que viven con 600 pesos a la semana.

Ahora que he estado en el ambiente de las carreras en Ensenada, creo que más del 70 por ciento de los compas están en esa situación de tensión económica. No es excluyente. Y no estamos hablando de golf.

Sin embargo, al momento de criticar por redes sociales a estos promotores que cobran tan caro, se me ha dicho que organizar una carrera cuesta, que las camisetas, que las molestias de tramitar los permisos, que el agua, que la fruta, que los números, etcétera. Todo.

Y claro que cuesta. Bastante. Más tomando en cuenta que a cada carrera de aquí van aproximadamente 400 personas. Son un montón. Imagínate regalarle cosas a tanta gente. Imposible de la bolsa. A menos que seas el ´papasanbir´… Esperen, ellos también cobran, y bien.

A lo que voy: el promotor deportivo debe recordar el origen de su nombre. Si organizas carreras, como promotor de cualquier actividad, debes buscar patrocinadores para que el gasto no recaiga en el último eslabón, el corredor. Menos sacarlo de la bolsa propia. Por eso, por ejemplo, en los conciertos se buscan inversionistas: las ventas de entrada son un albur. Y depender 100 por ciento de ellas es un error empresarial básico.

Entonces, por supuesto que culpo y repruebo a los organizadores que se han pasado de la raya con los precios de inscripción. Ni siquiera diré quiénes son. Los que andamos en esto sabemos perfectamente de lo que hablo.

Hay que trabajarle, hay que salir a buscar patrocinio, hay que darle a las relaciones públicas. Si no, sería bueno que se dedicaran a otra cosa. Un club de toby, por ejemplo. Porque quizá les funcionó una o dos veces, pero más no.

Además, créanme que los mejores corredores ni siquiera están participando en sus eventos. Simplemente porque no pueden pagar. Así que su nivel competitivo anda muy abajo. Y eso, si te interesa genuinamente el deporte, te debería de doler.

El año pasado participé en una sola de esas carreras de más de 400 pesos, y la atención y las prestaciones fueron pésimas, comparadas con las de eventos similares realizados por las mismas fechas.

Premios pinchurrientos y cositas para fantochearanduvieron dando. Todo se notaba que era con el fin de recaudar y posar un rato. Y supongo que está muy bien mientras haya quien lo pague. Aunque no dieron número con chip gps, ni premios en efectivo. Pero insisto, eso está destinado al fracaso en este país como está.

O bien, todo se convierte en un club elitista, y pues también se vale. Allá se quedarán en su onerosa marginación

Por otro lado, platicando recientemente con un amigo que dirige un club ensenadense buenísima onda que, sin recursos más que los propios, a cada rato hacen carreras o entrenamientos donde ofrecen varias cosas (sobre todo un recibimiento amable), me contaba que el cinismo llegó a su culmen en una de esas varias carreras donde supuestamente lo recaudado va para apoyar a alguna institución.

Me dijo que conocía a gente de la institución que presuntamente sería beneficiada, y nada. Que ni siquiera conocían a los promotores de dicha carrera, ni sabían nada de ella. Mucho menos habían recibido un centavo. Cobraron 100 pesos y fueron los 400 corredores promedio.

Pero, en ese caso de corrupción en especial, sucedió algo más indignante. El Ayuntamiento les puso casi todo lo material de la organización, pues era para una supuesta buena causa. Ni en eso gastaron. Y pues menos alguien los fiscalizó. Terreno fértil para el fraude.

Qué chisme tan feo, ¿no? Ser periodista me ha enseñado de primera mano que en todos los ámbitos hay gente ojete que no tiene moral para hacerse de un dinerito.

Caso aparte son algunas carreras organizadas por gobierno o por grandes y reconocidas empresas que, aunque a veces cobran (no les basta el presupuesto público ni el dineral), dan camisetas transparentes o atención de la fregada.

Respétenos. Nosotros, los corredores que formamos el pueblo raso, somos los que alimentamos su fortuna o pagamos sus salarios de funcionarios. Merecemos una buena atención, aunque sea cuando vamos en domingo a olvidarnos un ratito de todas las broncas de la semana.

Bromeando escribí el otro día en redes sociales que me puse la camiseta que dieron los de El Mexicano encima de la de los policías, y se me seguían transparentando las chichis.  ¿Así quieren que los recordemos? Porque, pues, las camisetas o demás cosillas que le dan al corredor, es lo único que queda de su evento. No el discurso improvisado del Director, créanme.

Con esto se comprueba el cliché de que la gente con dinero es más miserable y mezquina. Clubes como el de mi amigo, integrados por gente humilde, seguido le andan regalando a gente que ni conocen camisetas dryfit, bebidas isotónicas… cualquier día, en cualquier entrenamiento, por el simple placer de convivir, de compartir en este bonito deporte que nos une.

En fin.  Este es un llamado para todos los que organizan carreras: chambéenle.  Busquen patrocinadores. Muchas empresas están dispuestas a poner sus marcas en este tipo de eventos. Somos un montón de clientes potenciales.

No inviertan ni busquen recuperar su dinero íntegro, o con ganancias, de los corredores. Somos pobres, es la neta. Sean más listos. Y nosotros seguiremos asistiendo. Si no, tan fácil que es ir a soltar nuestros demonios en la playa. O en los cerros. O en las pistas, o carreteras.

Es lo bonito de esto. Que al final, no los necesitamos a ustedes. Cualquier día nos organizamos y ponemos a alguien en una meta improvisada con un relojito, y así paliamos un poco el espíritu natural de competencia que traemos. No se aprovechen, ni se cuelguen.

Néstor Cruz. Periodista ensenadense. Editor, corredor y ciclista. Apasionado de la literatura y de la música progresiva. Papá y novio.

Néstor Cruz. Periodista ensenadense. Editor, corredor y ciclista. Apasionado de la literatura y de la música progresiva. Papá y novio.

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