Circular por Nestor Cruz

CIRCULAR

 

Por Néstor Cruz Tijerina.

DEL MEDIO MARATÓN COMO META PERSONAL

A propósito de que este domingo 15 de marzo empezaron los medios maratones del estado con el de Mexicali, y con esto la loquera de un montón de corredores por querer estar a huevo en todos, me pareció interesante la siguiente reflexión:

Cada vez más gente en todo el mundo (y me atrevo a decirlo así porque la gente de aquí es el reflejo cultural de la de allá gracias a la comunicación globalizada) se pone como meta importante correr un medio maratón.

Y claro que me da muchísimo gusto, porque la mayoría sigue teniendo como meta, no sé, comprarse ropa, accesorios o vehículos para impresionar a alguien que, ya por atraer sólo por eso, vale madre.  Y por supuesto que a mí y al presupuesto del Estado destinado a combatir la obesidad como problema de salud pública, nos encanta que la gente se baje del carro o se levante del escritorio para activarse y lograr algo; lo que sea.

Así que desde toda la arrogancia y la pedantería que me da haber corrido ya un maratón completo, puedo decir que los 21.047 kilómetros son una meta alcanzable para cualquier mortal.

Con esta payasada antes mencionada lo que quiero decir es que un ser humano que, como la mayoría, no puede tener un entrenamiento de más de dos horas diarias, ora porque trabaja todo el méndigo día, ora porque su tiempo libre se lo dedica a su familia, ora porque no es para tanto el reto… alguien así, con facilidad puede tener su primer medio maratón sin morir en el intento.

¿Por qué? La prueba soy yo. Como en tres meses que salté de correr 5 kilómetros máximo, pude correr un medio maratón en menos de una hora cuarenta. Y la verdad no me desviví entrenando… Claro que está mi edad, los antecedentes, lo que quieran, pero la ciencia médica coincide en que un entrenamiento de tres meses, constante, basta para hacer un medio maratón.

Eso sí, el tiempo que hagas ese día de la carrera ya dependerá de la fuerza de voluntad que tengas. Pero de que no te mueres, pues no te mueres, es un hecho. Por supuesto, si tienes una salud “normal”; es decir, un poquito pasado de peso, sin broncas del corazón, la presión, el azúcar, etcétera; enfermedades que también, tristemente, son casuales y, en muchos casos, provocadas por la vida vegetal que promueve nuestra sociedad de consumo. Y lo digo sin pretender ser el Peje o Eduardo Galeano: la vida capitalista es mala y cabrona con la salud; asómense por la ventana.

Tristemente, aunque no me sorprende, la cantidad de gente que llega a consumar su primer medio maratón es poca, comparada con todos los que vociferan en Facebook o con las amistades que están en el “training” para lograr su primer “half”.

Gente ridícula deveras. Gente que dice que va cambiar de trabajo porque lo odia o que va a aprender este año inglés, y queda en simulacro. Gente que lleva su falta de coraje y decisión en la mayor parte de su vida, al ámbito deportivo.

Eso quizá se leyó algo molesto de mi parte, pero créanme que no es así. La gente que no cumple, mientras no sea conmigo, me vale. Y a muchos de los que abandonan desde el principio los puedo entender. El dolorcito y la disciplina no son cosas que nos enseñen a todos desde casa. Aunque las motivaciones pueden ser varias:

Están los que quieren demostrarse que se pueden levantar después de haber estado mal físicamente (como yo, el burro primero, diría mi mamá); los que quieren darle un buen ejemplo a sus hijos para que, aunque sea a la larga e inconscientemente, imiten (como yo también, y como me la aplicó mi papá); los que les gusta competir con los compas; los que se quieren ver mamados o con unas piernotas; los que apostaron y tienen palabra; los que son débiles mentales y quieren copiar por moda; los exagerados que lo consideran lo máximo a lo que puede aspirar el ser humano; los que se lo prometieron a la abuelita moribunda… no sé, los lectores que saben de lo que hablo podrán aportar más en los comenarios del artículo.

Lo que sí puedo decir, ya con seis de esas cosas terminadas y con experiencia prácticamente en todas las distancias menores, es que el medio maratón es una distancia ideal, divertida, rápida, que permite al participante medir su resistencia al máximo. Porque, en otras palabras, corres en chinga mucho tiempo sin cansarte como la salvajada del maratón.

La ciencia también avala lo que digo. Cuando corres maratón, por ahí del kilómetro 35 se te acaban tus reservas naturales de azúcares y demás nutrientes, y terminas llegando a la meta con puro onanismo mental, la verdad.

En cambio, en el medio maratón no te acabas la “gasolina”. Claro que duelen las piernas y llega un momento en el que piensas qué coño estás haciendo ahí, pero ese agotamiento es muy llevadero. Claro, si no eres un mariquita que se rinde con el primer piquetito en la pierna o el primer bajón normal de energía.

A mí me pasa así: arrancó hecho la fregada y como en el kilómetro tres pienso siempre” ay güey, voy muy rápido; bájale pelotudo o no vas a llegar”; luego, entre el kilómeto 8 y 12, me siento dios porque ya regulé un buen paso y creo que seguirá así hasta el fin; pero entre el 15 y el 18 te das cuenta, o al menos yo casi siempre, de que lo anterior no es del todo cierto y, si no me preparé bien, empiezo a bajar poquito la velocidad… pero cada vez que llego al 19 digo “bah, qué son dos kilómetritos; todo lo que recorrí en el entrenamiento no es nada comparado con esa madre”.. así que agarro como un tercer aire y regreso al paso fuerte o, a veces incluso, hasta más rápido.

Insisto, esto que cuento me pasa a mí. Sin embrgo, como me gusta leer mucho de estos temas y conozco a docenas de maratonistas y medios, casi a todos nos pasa algo similar. Y no tendría por qué ser de otra manera: nuestros cuerpos están diseñados casi igual, duh. Así que por eso me animo a copartirles lo que sucede en mi mente cuando corro medio maratón. Si te pasa diametralmente distinto, pues cuéntanos en los comentarios.

La satisfacción es mucha cuando terminas el reto y te ponen en el cuello el tradicional colgajo de metal y te dan la famosa camiseta. Pero más allá de eso, lo escribí en el artículo sobre el maratón: pareciera como si no existen cosas imposibles en la vida. Te sientes, vaya, más vivo que nunca, más fuerte que la mayoría de los monos desnudos, más decidido que la mayoría de los gordos bofos de tus amigos o compañeros de trabajo.

Y sí, es pura vanidad, puros apapachos al ego, aunque en la vida real a la mayoría de los mortales -regreso a la palabrita- que practican o no practican otras actividades deportivas, les vale gorro. Y justo aquí es donde acuñamos esa frasesita de que somos “los locos que corren”.

Porque, la verdad sea dicha, a la mayoría de los homínidos les parecerá que estás pirata ya no por correr 21 kilómetros ó 42, sino incluso 5. Y ya si lo pensamos fríamente, no es muy normal correr más allá de darle una vuelta a la manzana porque te sigue tu señora para pegarte, o porque le metiste un zopapo a alguien y te lo quiere regresar.

Bueno, ya, en serio, que seamos o no fondistas es cosa que a la mayoría le vale madre, pero, ah, les vale madre porque no saben lo que cuesta en realidad… y ya por eso, vengan, vámonos  con nuestra felicidad a hablar entre nosotros todo el día, o en el rato libre, de “running”,  porque nos llena, nos parece prioritario, nos saca muchas sonrisas, enfoca nuestra atención y, pues, nos hace ver la vida un poco más simple y más linda, ¿qué no? (frase-pregunta robada a mi amigo maratonista Alberto Castillo)

Así que bueno, te convoco a que si tu meta es el medio maratón, entrena y no lo publiques tanto; quedarás como un idiota si no terminas. Si ya corriste y te quieres regresar a tu maldito fútbol, adelante, sé feliz. Pero si quieres seguirle y mejorar tus tiempos, prepárate para más hermosos dolores de piernas y acostúmbrate al retumbar de tu corazón en la cabeza.

Porque duele, cuesta, pero es divertidísimo y vale la pena, eso es seguro. Si no, no hubiéramos estado el domingo en Mexicali más de mil mensos sin dormir bien, ansiosos y optimistas, en la línea de salida. Si todo sigue bien, allá nos veremos el resto del año.

Néstor Cruz. Periodista ensenadense. Editor, corredor y ciclista. Apasionado de la literatura y de la música progresiva. Papá y novio.

Néstor Cruz. Periodista ensenadense. Editor, corredor y ciclista. Apasionado de la literatura y de la música progresiva. Papá y novio.

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