Rusia 2018

DIARIO HASTA LA FINAL (Día 1)

FIFA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Tercera persona

No tiene dudas: ha sido el mejor mes de su vida, su corta vida aún (seis años apenas). Sentado frente al televisor, lo más cercano posible, como si intentase traspasar la pantalla para convertirse en protagonista de la escena, ni siquiera supone la trascendencia del momento. Lo único que entiende es que echado ahí, en estado hipnótico, ha encontrado la felicidad. La lluvia de papelitos blancos que tapizan la cancha se aferra a él como una especie de tatuaje que habrá de perdurar en su memoria por más años o décadas que hayan de pasar del mismo modo que los nombres descubiertos: Pasarella, Kempes, Tarantini, Bertoni, Houseman, Ardiles, Fillol y el señor del cigarrillo ladeado sobre los labios que los dirige desde el banquillo: Menotti. No sabe por qué, pero quiere que ganen ellos -los de camisa a rayas celeste y blancas con calzoncillo negro y medias también  blancas- como lo desean todos los asistentes enloquecidos que la televisión muestra desde la tribuna del Monumental. Así se llama el estadio: El Monumental. ¿Más motivos para enamorarse de la experiencia? Tiempos extra, empate a uno contra Holanda, “La Naranja Mecánica”, que habrá de ser desactivada por un tractor de melena y grandes patillas, pantaloncillos muy cortos y medias a punto de caer, que deja rivales regados en el camino, derribados como conos, mientras lo ven marcar el primero de los dos goles que habrán de marcar diferencia definitiva en el primero de los dos lapsos de desempate. Sobrenombre mejor aplicado, imposible: El Matador, Mario Alberto Kempes, ha sentenciado el asunto.

¡Argentina, campeón del mundo!, gritan los relatores mientras el gran capitán Pasarella, el segundo gran Kaiser de la historia después del alemán, levanta la copa que ha quedado en casa al término de “El Mundial de la Dictadura”. ¿Dictadura? Bah, qué le interesan esos temas a un pequeño recién graduado como uno de esos tantos enfermos por contagio que a partir de entonces habrá de contar su vida no por años sino por mundiales vividos. Es momento de dejar la narración en tercera persona sobre aquel, mi primer mundial, antes de sucumbir ante la tentación de contarles lo del 6-0 de Alemania a México ya hace 40 años. Sabía que ese niño que fui, en cualquier momento, habría de sacarme del embrollo hurgando en la memoria, cuando, por ejemplo, el juego inaugural tuviera como protagonistas a Rusia y Arabia Saudita. Empezamos: a partir de hoy columna a diario hasta la final. Ya mañana vendrán España y Portugal.

*El autor es colaborador de AGP Deportes.

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