Columnas

DIARIO HASTA LA FINAL (Día 1)

 

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Mal peinado. Generalmente no fallo. La primera impresión me basta siempre a la hora del juicio. Y desde que le vi la facha, desconfíe. No se me malentienda. No es cosa de racismo, ni nada por el estilo. Pero el japonés ese, flacucho y mal peinado, me dio mala espina en cuanto un acercamiento mostró su cara, mezcla entre malo y tontorrón. Ya cuando lo del penal inventado con el teatro de Fred, confirmé que tan sólo viéndolo califiqué con tino a ese árbitro incompetente cuyo nombre ni conozco ni quiero conocer.

Ya no los hacen como antes. Sería mucho pedir a Zico o a Eder o a Sócrates o cualquiera de los que hacían magia en el mundial español que tanto disfruté gracias a ellos. Mucho menos esperaba ver a Pelé o Garrincha. Ni siquiera a Romario o Ronaldo o Ronaldinho, o en la banca a Telé Santana. Pero de no ser por Neymar (el de los dos goles), eso que debutó ganando 3-1 a duras penas (con autogol de Marcelo incluido), cada vez se parece menos a la gloriosa verde amarhela.

Raso y colocado. Es un tigre atajando. No pasa ni una sola pelota por más de media hora de dominio local. Recuesta, tapa, incluso sale por alto y arrebata todos los misiles brasileiros. Sólo que esa cosa llamada Pletikosa, tan grande como lenta, queda liquidada, cuan larga es, con disparos suaves, por abajo, pegaditos al poste. Neymar y Óscar le agradecen.

De cuadritos. Los recuerdo en su gran mundial francés. Tal vez por eso este sabor amargo después del primer juego mundialista. Son ordenados y talentosos, pero atacan sin convicción. En esta ocasión, además, tuvieron mala suerte. Les tocó contra el local en el debut. Y les faltó el que las mete, ya de regreso el martes contra Camerún: Mandzukic, el del Bayern. Si el ánimo no decae, estos croatas, con Rakitic, Modric y Olic, tan sólo por mencionar a los más célebres, serán de cuidado. Hoy, merecían más. O será que me caen bien, a pesar de su camiseta.

Alivio. Respiraron después de lo que apareció sobre la cancha de la Arena Sao Paulo. Mexicanos y cameruneses no encontrarán al anfitrión herido. Tampoco verán al tope del grupo al adversario ante el que pelearán el segundo boleto. Porque el primero ya tiene dueño.

Furia contra naranja. Todos hablan del gran juego. Y es normal. Por acá todos esperan el de las nueve, el del tri contra los leones. Yo, ustedes perdonarán, el que espero es el gran juego de la primera fase, el de las doce.

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