Columnas

DIARIO HASTA LA FINAL (Día 15)

 

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Aquí no se negocia. La verdad que el 1-0 fue engañoso. Ellos, que nunca perdonan, esta vez sí lo hicieron. Sólo uno en contra para los de Klinsmann de parte de sus paisanos. Y los dos, dentro, a octavos. Apenas esa maravilla de gol, hecho por el letal Muller, convertido en una especie de billarista que apunta y la pone ahí, donde quiere. Pero nada de dudas. Incluso ghaneses y portugueses, de haber hecho la tarea, habrían cambiado la suerte del segundo de los clasificados. Alemanes y norteamericanos dan confianza. La historia los avala.

¿El mejor del mundo? ¡Por favor! El mejor del mundo Pelé. Maradona, en su momento. Ellos sí que desquitaban la denominación con goles decisivos, con jugadas en pro del equipo. Además, campeones del mundo los dos. Pero igual Cruyff fue el mejor del mundo en su momento y sin ser campeón, pero quién no recuerda a su naranja, la del 74. O más cerca Zidane llevando a Francia a levantar la copa sin que le temblaran las piernas frente a los suyos hace no tanto, en el 98. Hasta Messi, sin equipo y a pesar de Sabella, pero con su sola intervención para soñar con algo en esta copa. Para poner el asunto con tono lusitano, Eusebio, ¡ah!, ese sí era un grande, ese sí hizo suyo un mundial, el mundial decretado para los ingleses pero ganado en tantos otros sentidos por el grande de la historia portuguesa, la gran Pantera Negra del 66. ¿Este?, ¿el de ahora? El mejor peinado, sí. Y  hasta tres looks diferentes. Uno por partido. ¿El equipo? ¡Bah! Portugal fue echado en la primera ronda, pero qué importa,  él metió su golecito, todo suyo, todo de él, estéril eso sí, porque, cosa común, nada para la trascendencia del equipo. Y luego ya erró tres que pudieron cambiar la historia frente a los ghaneses. Y todavía preguntan: ¿Cristiano, el mejor del mundo? ¡A tomar el pelo a otro lado!

Portero a la altura. De Yashin no vi nada. Ni videos. Pero dicen que la “Araña Negra” era el mejor en lo suyo, allá bajo los tres palos. Al que sí vi fue a su paisano y sucesor casi veinte años después, Rinat Dassaev. Casi siempre de amarillo y con un gesto frío, inexpresivo, como haciéndole honor a las cuatro letras que llevaba sobre la camisa de manga larga: CCCP. Decían que era el mejor del mundo. A mí no me lo parecía. Pero de que era bueno, sí, lo era. Con la disolución de todas aquellas repúblicas llamadas soviético socialistas como que algo pasó, cuando menos con los arqueros. Qué cosa ese Akinfeev. La clasificada Argelia (como Corea en el primer juego) le deben el gol del empate. En fin, la eliminada Rusia de Capello no merecía un Yashin o un Dassaev en la meta. Tuvo un portero a su talla.

Nueve de nueve. Pinta como aquella selección del 86, la del gran portero Jean Marie Pffaf, la de Sciffo y Gerets y todos los que eliminaron a la España del Buitre en Puebla para luego irse victimados por dos tiros del gran Diego. Tampoco nada del otro mundo. Pero la Bélgica de Wilmots, con uno menos por medio tiempo, ligó la tercera victoria. Con uno tuvieron los coreanos.

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