Columnas

DIARIO HASTA LA FINAL (Día 16)

 

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

“Ya merito” o “sí se pudo”. Esto de jugarle al adivino ni me gusta ni se me da. Y estoy en la encrucijada. Entre mi generación, la de las derrotas mundialistas con las selecciones del trillado y derrotista “ya merito” como estandarte, y la otra , la generación de los chicos que han visto el oro olímpico y los campeonatos infantiles con el trillado y triunfalista “sí se pudo” como distintivo. ¿Dónde está México ahora? Confinado al pasado de infortunios mundialistas o perfilado a prolongar, vía su selección mayor, el reciente historial de éxitos a otra escala. Más vale ser historiador. Antes hay cita con los naranjas. El domingo les cuento.

La última gran Brasil. Ustedes disculparán las omisiones en el texto (la tri campeona del Rey Pelé, por ejemplo), pero esta vez sólo hablaré de lo que vi y disfruté como buen cuarentón enfermo de futbol cuya vida es medida de acuerdo a la cantidad de mundiales vistos. Aclarado lo anterior les cuento que Brasil fue para mí un deslumbramiento, una pasión. Pero sólo en el 82. Entonces apenas tenía diez y fui testigo de cuando Zico, Sócrates, Toninho, Eder y compañía acabaron a los campeones del mundo y hasta provocaron que fuera echado, con entrada artera de por medio, el gran 10 argentino que deslumbraría cuatro años más tarde. Sólo que luego llegó el “capo de capos”, Paolo, el de las apuestas y la cárcel dejada poco antes de los goles y el campeonato de aquel mundial español pintado de azzurri. Y así, él solo allá arriba, acabó con los chicos de Telé, los campeones sin corona, como después acabó con todos los que se le cruzaron. Luego de aquel Brasil jamás le he ido a Brasil. Ni al del 86 ni al del 90, incluso ni a los campeones de 94 y 2002. Ni qué decir de los otros que ni gustaron ni ganaron con todo y Romario y los Ronaldos. Ahora la gloria de otros tiempos sólo parece tener un salvador, un mesías, un mágico: Neymar. Algunos se han atrevido a decir que “el mejor jugador de este Brasil (desarticulado y desesperanzador) es Oscar”. Y yo digo, ¡por favor!, ese Oscar no habría tenido cabida en aquella verde amarhella mágica del 82. Neymar, sí. Bueno, Neymar, tal vez. Habrá que verlo en su mundial justo a la de la hora de la verdad. Los chilenos de Alexis y Vidal, con varias afrentas históricas por cobrar, lo esperan.

Rudos contra técnicos. En semis. Cuartos, mínimo. Pero en octavos no, muy pronto. Sin embargo, la suerte fue echada. Y ni modo. Colombianos y uruguayos frente a frente. La clase, el buen trato de la pelota, el futbol de los técnicos contra la fuerza, la garra, el futbol de los rudos. James, el gran James, ese zurdo talentoso que cabecea y roba balones y mete goles y todo lo hace bien como buen colombiano, contra Egidio, el gran Egidio, ese pequeño tanque con facha de todo menos de futbolista que roba balones y corre y muerde como buen uruguayo. Los colombianos hicieron los deberes. Tres de tres contra griegos, marfileños y japoneses. Los uruguayos cumplieron contra italianos e ingleses, pero ese duelo contra los ticos selló el cruce prematuro, desafortunado, para quienes aún no queríamos que esta lucha máscara contra cabellera llegara tan rápido.

16 después de 16. Algo hizo falta hoy. De tres y hasta de cuatro diarios. Y así, de repente un día, nada. Y es que esto se está yendo tan rápido. Todo fue tan distinto al primero y el segundo y el tercero y todos los que le siguieron hasta cumplir la quincena. Día 16, escribo sobre el título. Y así, paradójicamente, 16 a casa y 16 con vida. Pero no todo está perdido. Como sucede cada cuatro años, ya se viene lo mejor.

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