Columnas

DIARIO HASTA LA FINAL (Día 23)

 

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Ganadores y soñadores. No es de extrañar. Pobre Colombia. El asunto no es tema de primera ronda ni de octavos. Colombia es un México, un Chile, un soñador en busca de la gloria. El tema va más allá. Créanme que esto de los mundiales es diferente. En cuartos de final luce hasta la mole brasileña Hulk y pasa de noche hasta el estilista colombiano James. No vayamos tan lejos: el penta de ahora, aun en ruinas, no necesita de Peles ni Romarios ni Ronaldos. La verde amarhella de hoy gana bajo la guía de sus centrales, David Luiz, el del golazo, y Thiago, el del primero cuando empezaba el juego. En mundiales la gloria está reservada para unos cuantos. Brasil, por ejemplo. Colombia fue un soñador enfrentando a un gigante, a un ganador de cinco copas. Fue un 2-1 feo, lamentable. Del nuevo Brasil no me extraña. De la nueva Colombia no sólo esperaba más, esperaba mucho más. Lástima por cómo gana el nuevo Brasil. Lástima por cómo pierde la nueva Colombia.

Sin estrellas. Todo había sido miel sobre hojuelas. Sin futbol pero con resultados. El anfitrión así se enfilaba al campeonato. Todo bien hasta que llegó el colombiano Zúñiga a nublar el panorama. Si su cometido era quebrar, literalmente, al único brasileño que aún conserva algo de la magia de antaño, lo logró. Esa fue la última acción sobre la cancha de Neymar en esta copa, su copa, la brasileña. Antes Thiago, el caudillo, el líder, por una desconcentración, va a la congeladora el siguiente juego al ver tarjeta amarilla  ante los colombianos. La estrella que perseguía fiel a Brasil desapareció este viernes. Sus dos estrellas también.

La de siempre. No fue la gran demostración. Un gol anotado por esa torre en cuya espalda aparece el número de los buenos defensores con el agregado del apellido: Hummels. Se jugaba el primer cuarto de hora cuando el 5 germano sentenció el asunto. Y con eso bastó. Francia intentó, empeñoso, pero lo hizo ya tarde y además frente a los alemanes en cuartos de final. Aduana conocida. La fórmula también: soportar los embates y responder. Francia pudo empatar con la última de Benzema que el arquero Neuer sacó a puro brazo. Pero Alemania pudo ampliar la distancia. No fue brillante. Alemania fue efectivo. Como de costumbre.

Un elegante menos. Disculpen la insistencia, pero fue de las cosas que más disfrute en el mundial. No tiene que ver con espectáculo ni táctica. Incluso poco tiene que ver con futbol. Se trata de buen gusto, de estética. Lástima. Francia se ha ido. No extrañaré ni a Benzema ni al chaparro endiablado ese de Valbuena. No, no extrañaré a ninguno de los chicos de Deschamps que sí extrañaron al cara cortada del Bayern, casi respetuosos frente a los perennes semifinalistas. Lo que yo rescato de esta Francia es esa camiseta azul serio con el cuello blanco sin importar si el pantaloncillo era blanco o azul o si las medias eran rojas o de cualquier otro color.  Eso, la camiseta más elegante que se vio en este mundial, eso sí lo voy a extrañar.

Faltan dos. Brasil y Alemania en una de las semifinales soñadas desde el principio. Cosa de históricos. Toca el turno de Argentina y Holanda este sábado. A ver qué dicen los dos soñadores que siguen en disputa: belgas y ticos.

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