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DIARIO HASTA LA FINAL (Día 26)

FIFA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Aquel juego lindo

Fue el mejor juego que jamás haya visto. Y si no, ahí está en mi top más selecto. Tanto que me es imposible olvidarlo. No se puede aunque uno quisiera, cuando la fuerza del recuerdo, aun cuando vago, lejano o borroso, es tan poderosa como indeleble. Tarde calurosa en Huntington Park, por allá por Los Ángeles, en California. Verano del 82. El mundial español ardía. Vacaciones en casa de la tía sin descuidar una copa sin México presente. Pero como nunca he seguido los mundiales en dependencia de si está o no está México, era lo de menos. Puros grandes en apogeo. Brasileños, italianos y argentinos en un solo grupo a vida o muerte en el viejo Sarriá de Barcelona. Y otra de las llaves restantes ofrecía a Francia, la de Platini, Giresse y Tiganá, entre un montón de jugadores virtuosos que iban en serio por el boleto al encuentro decisivo programado en el Bernabéu. En su futuro, Alemania, su rival semifinalista. En un pequeño televisor de aquella casa sin barda, como todas las de ese barrio mexicano en suelo norteamericano, todo marchaba como un juego digno de semifinal. Mientras Italia pasaba sobre Polonia sin sobresaltos, en Sevilla alemanes y franceses terminaban los 90 minutos empatados a uno. Lo mejor de la historia estaba por escribirse. Francia, dominador y espectacular, se puso tres por uno. Pero Alemania, tesonera y capaz, lo empató a tres en el segundo tiempo extra. En los penales, ya se sabe, nunca desafíes a los alemanes. No lo dejes vivir. Y Francia lo hizo. El portero Schumacher, primero villano al conmocionar y mandar a casa sin dientes y conmocionado al francés Battiston, y luego héroe al tapar dos penales. Dicen que en la semifinal del 70, Alemania-Italia, se pareció tanto. Y no lo sé. Lo que sí sé es que ya con 10 años sufrí un mundial por primera vez. Fue doblemente doloroso. Primero la gran selección brasileña de Zico, Sócrates y Falcao echada por la Italia práctica con el mortífero Paolo Rossi. Y luego esa gran Francia dejada en el camino sin posibilidad de jugar la final en España con los resistentes . Cuatro años después, en México, otra vez Francia en semifinales y otra vez Alemania como rival. Otra vez la dosis germana. Pero todo fue diferente. Un solo gol y de tiro libre. Un juego por demás olvidable. Y aquella generación en blanco, sin trofeos ni gloria. Hubo de llegar el mundial en Francia para superar una semifinal. Croacia fue el aliado: primero quitó del camino a los alemanes en el 98 y luego se convirtió en la víctima de Zidane y compañía. En unas horas, Francia de vuelta a los primeros planos. Semifinal en puerta. El rival es Bélgica, un gran equipo. No hay antecedentes, historias en común a estas alturas. Alemania se despidió pronto de Rusia.

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