Columnas

DIARIO HASTA LA FINAL (Día 4)

 

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Ni con el genio. Estaba por jugar el gran favorito. El otro gran favorito, corrijo, junto al anfitrión Brasil. La ocasión ameritaba el espacio suficiente para extenderme en torno al último juego de la jornada. Tantos temas por contar con la bi campeona en su presentación: Messi, el fideo, el kun… Pero, al final, vaya decepción. Esta albicelese ni me emocionó ni creo que haya emocionado a nadie. Ni cerca de Italia o Inglaterra o Francia o los holandeses. Medio tiempo de aburrimiento, cuando el autogol bosnio allanó la ruta a los primeros tres puntos del mundial brasileño. Ya en el segundo tiempo, una pincelada, sólo una, del genio: el primero  de Messi en Brasil. Pero nada más. Hasta los bosnios, como satisfechos de irse con “sólo” dos en la frente, apenas despertaron a cinco del final con el gol del descuento. Ni para bien ni para mal. Los argentinos, como los brasileños, ganaron, pero ni siquiera con una mano arbitral o algo que enriqueciera la historia por contar. Todo triste, desangelado, sin chiste. Y eso que Leo, el mejor de todos, ahí estuvo, los 90 minutos sobre la cancha.

Versión 2014. Ver a Menotti con su cigarrillo inseparable (qué tiempos aquellos) daba cierto aire de mundo a su Argentina. O Bilardo como loco tirando órdenes desde la línea también imprimía un sello, un estilo, esa identidad tan argentina de pasión, de vivir al extremo el fútbol (así con acento en la u, como lo dicen ellos y todos en el mundo, menos nosotros los mexicanos). Hasta Pasarella contagiando su espíritu de gran capitán convertido en técnico y Bielsa sentado en la zona técnica esperando la reacción a sus experimentos y Diego sin idea táctica pero pidiendo corazón y huevos. Pero lo de hoy, cuarto día de mundial brasileño, ha sido otra cosa. Ha sido la personalidad del señor ese, Sabella, transmitida a la nueva albiceleste.

El que sabe… El primer plano muestra esa mirada de zorro. Analítico, pensante. Tal vez por eso da la impresión de astuto. Como un viejo sabio parado en la zona técnica. Ni aspavientos ni lamentos por el gol en contra. Sólo mira. Mira y corrige. Voltea al banquillo y elige: Mehmedi y Seferovic, a la cancha. Ottmar Hitzfeld, el viejo alemán, campeón de Champions y Bundesliga y todo cuanto disputó en su país, ha acertado. Su Suiza, única capaz de superar a la España campeona hace cuatro años en Sudáfrica (aun cuando no calificó a la segunda ronda), ha vencido a Ecuador (2-1) para empezar el mundial brasileño. Los autores de los goles: Mehmedi y Seferovic.

Futbol de alta costura.  Pensarán ustedes que qué frivolidad, pero vestirse de futbolista suele ser una práctica poca valorada en términos de moda. Les explico. La camiseta, el pantaloncillo y las medias, ahora con los zapatos multi colores, no son precisamente patrones a la hora de hablar de elegancia en el vestir. No lo eran, mejor dicho. Pensarán que qué frivolidad y tendrán razón, pero Francia, camiseta y pantaloncillo en azul marino y medias rojas, con ese cuello blanco que corona la combinación, ha cambiado tendencias. Y Benzemá, con dos goles y el otro provocado por él, estuvo a la altura del atuendo. Qué elegante Benzemá. Y qué elegantes los franceses.

Leña. Palacios, el leñador dedicado a pegar mientras estuvo en la cancha, trae código postal. Ya llevaba un montón de faltas contra los franceses cuando cometió la última. Se llevó por delante a Pogba, al minuto 43, dentro del área. No hubo dudas para nadie. Sólo él rebatió la decisión arbitral. Hondureño, cínico y expulsado.

Respetando el guión. Francia, como digna selección representativa de Europa (la zona con mejor nivel del mundo), hizo tres y pudo hacer más. Además, no recibió un solo gol. Honduras, como digna selección representativa de Concacaf (la zona con peor nivel del mundo), no hizo gol. Además, recibió tres y pudo recibir más. No se salió del guión, como México y Costa Rica.

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