Columnas

DIARIO HASTA LA FINAL (Día 8)

 

Por Marco Antonio Domínguez Niebla

El gran “conejo”. Si el pase llega a contrapié y el delantero reacciona, gira y la mete de cabeza para adelantar a su selección, estamos frente a un goleador capaz. Si el portero despeja, un mediocampista rival peina erróneamente hacia atrás y el delantero jamás pierde de vista el esférico, pica, lo alcanza, controla y lo prende de derecha en el mano a mano frente al guardameta para recuperar la ventaja que hacía diez minutos había perdido su selección, estamos frente a un matador del área, contundente. Si además esos dos goles son anotados en un juego decisivo de un mundial, sin espacio para la mínima falla y frente a un histórico como Inglaterra, estamos frente a un delantero de época. Y si todo lo anterior se consigue a tres semanas de ser operado de “los meniscos de la rodilla derecha” (cito el reporte médico de la selección uruguaya) y sin haber alineado en el desafortunado debut ante los ticos, estamos hablando de Luis Suárez, un futbolista fuera de serie, una figura de dos mundiales. Sí, de dos. Los dos más recientes, por lo pronto.

Pasados por la peluquería. Era talentosa, pintoresca. Pero nunca llegó a ser brillante ni trascendente. El “Pibe” y su melena, sí, creativo, genial por momentos, desequilibrante con un solo trazo. Pero hasta ahí. O Higuita, más show que efectividad tan lejos de los tres palos, donde deben jugar los verdaderos porteros. Y aquel gol del viejo cuarentón Milla, el camerunés que le quitó la pelota como pelo a un gato para echarlos de los octavos en Italia. Luego lo del 94 tan decepcionante apenas a meses de la gran hazaña cuando la goleada en el Monumental a la albiceleste. Y nada más. No digo que la de hoy sea mejor o peor. Eso la historia lo acomodará. Pero prefiero a esta Colombia de los dos triunfos y la calificación en la apertura del mundial brasileño. La de James y Quintero, los dos chicos zurdos y bien peinados, casi clones, que hicieron los dos de la victoria contra los marfileños, con el viejo Yepes como roble allá atrás y Cuadrado, el de las pequeñas rastas, mucho más discretas que las matas de aquellos greñudos rebeldes dirigidos por Pacho.

Casting por Peckerman. Siempre preferí a Pacino o a De Niro. Pero había algunos actores igual o más talentosos que desempeñaban personajes de otro tipo. Los secundarios o de reparto, les llaman. Y entonces ahí entraba Walken. Aunque saliera de maldito o bailando o del bueno de la película, todo lo hacía bien. Me faltó verlo (porque seguramente jamás lo encarnó) en el papel de técnico de futbol. Pero bien podría Walken hacerla de entrenador de Colombia. Seguramente también lo haría bien.

Relleno sin gol. Ha sido una gran primera fase. Goles, emociones, idas y vueltas, volteretas. Pero, como es normal, la cuesta tiende a bajar, como hace un rato, por ejemplo. Por suerte ya pasó el Japón-Grecia.

Top 3. A Memo, el portero, le ha salido competencia. Ha sido noticia en Brasil por aquella gran tarde en la que atajó toda la metralla local. Pero luego México ha seguido siendo noticia allá. Tanto que Memo podría salir de la selecta lista de prioridades informativas. Amenazan su protagonismo el borracho que saltó del barco y ahora alimenta a la fauna marina brasileira, la noble afición y su elegante grito de guerra contra los porteros adversarios, o los caballeros de camiseta verde pillados cuando extraían sin pago de por medio un contenedor de cerveza mientras el Tri se debatía en la cancha frente a Camerún. Y entonces uno piensa: Qué orgullo eso de ser una nación líder en términos noticiosos allá en la copa.

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