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RÉPLICA

 

El deporte también tiene las venas abiertas

Son más los anhelos viajeros de caminar por las calles parisinas que por los andadores de Montevideo u observar la Plaza de Cibeles antes que la Central de Tegucigalpa y es que mientras allá la cirugía se ha hecho con pocas cicatrices visibles, acá en nuestra región, el subdesarrollo es notorio en cualquier aspecto. El deporte mismo es un reflejo del estado de “salud” general de América Latina y mientras continúo leyendo la obra de Galeano, me viene a la mente una lectura que escribió Margarita Rodríguez para la BBC en la que reflexiona sobre los resultados de los países latinoamericanos en el deporte olímpico.

Los textos, uno escrito a finales de 1970 y el otro a mediados del 2008, tienen sendas coincidencias del orden sociocultural. En casi 50 años desde que el escritor uruguayo nos diera una radiografía de la parte central y sur de nuestro continente y con gobiernos del centro, la derecha o izquierda, el deporte, como reportó Rodríguez, ha cambiado muy poco en esa orografía.

Un dato es muy ilustrativo, la suma de la totalidad de medallas alcanzadas por países de América Latina, es de apenas el 22.93% de las conquistadas por Estados Unidos y en el rubro de medallas de oro, las conquistadas por Cuba, Brasil, Argentina, México, Colombia, República Dominicana, Chile, Venezuela, Uruguay, Perú, Puerto Rico, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Haití, Guatemala y Paraguay, suman 159, un 15.55% de los oros de los estadounidenses. La proporción es tan expresiva, que las medallas totales sumadas de todos los países latinos apenas llega al 56% de los oros conquistados por atletas representantes de las barras y las estrellas.

Como Galeano lo expresó, los países latinoamericanos son “a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación”. Es difícil imaginarse que cuatro países de esta región no tenga al menos una medalla olímpica o que el 55% de estas naciones cuenta apenas con una medalla de primer lugar o con ninguna.

La Cuba que de acuerdo a datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, está en el lugar 17 de 20 en cuanto a crecimiento económico en esta zona geográfica, es contradictoriamente el país mejor ubicado al día de hoy en el medallero olímpico. Pero aún y con el deporte como una política de Estado en algunas ocasiones y en otras como una forma de salida a otras latitudes, a otras realidades económicas, la isla del Caribe ha caído bajo el efecto del distanciamiento con la élite mundial. Prueba de ello es que en las últimas 5 ediciones de los juegos de verano, la cosecha de medallas totales ha ido en un decremento constante. Si en Barcelona 92, Cuba se desempeñaba como “europea”, la última década nos ha confirmado su raíz latina.

Solo dos países latinos aparecieron entre los primeros 20 lugares de Río 2016. Solo cuatro entre los primeros 50.

Nueva Zelanda con cuatro veces menos población que el Estado de México, ganó casi 4 veces más medallas que México y no, no fue solo el rugby, su alcance de pódiums cubrió siete deportes distintos.

Con datos del 2016 obtenidos por la revista Forbes, el monto destinado al rubro del deporte por parte de los países latinoamericanos fue de 1,895 millones de dólares, pero aunque la cifra pudiese parecer alta, lo cierto es que alrededor de los 840 millones fueron aportados por Brasil y se utilizaron en aspectos de organización y no precisamente de preparación deportiva.

La heterogeneidad de la importancia al fomento deportivo expresada en la asignación de recursos es una constante. Tan solo Argentina, destina como recurso público, casi lo mismo que Jalisco y Nuevo León juntos. ¿Qué se invierte poco en deporte en México? Cuba destina casi cuatro veces menos recurso público que nuestro país y de inversión privada ni hablemos.

En el deporte mundial hay quienes se desarrollan y quienes están subdesarrollados. Nuestro continente, desde la frontera entre Estados Unidos y México, hasta la Patagonia, se encuentra en lo segundo.

En la estadística numérica la brecha se amplía, ciclo tras ciclo sin indicios de una pausa futura. Qué queda. Nos queda prohibirnos cruzarnos de brazos, pues como atinadamente escribió el célebre uruguayo, “la pobreza –añado la deportiva- no está escrita en los astros; el subdesarrollo no es el fruto de un oscuro designio de Dios”.

*El autor es Licenciado en Actividad Física y Deporte por la UABC. Fue responsable de deporte asociado en el Instituto del Deporte de Baja California. En la actualidad encabeza la coordinación de eduación física en el Sistema Educativo Estatal. También preside el consejo directivo del Salón de la Fama del Deporte de Ensenada.

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