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Por Fernando Ribeiro Cham

2012-2018

Se fue el sexenio del presidente Peña Nieto. Estamos a unas horas del cambio de titular en el ejecutivo y con ello una administración que en general fue tan cuestionada que propició gran parte de la animadversión hacia ella.

Qué se puede escribir sobre el deporte en el sexenio que concluye. Primero que fue un sexenio de reducción presupuestal. Año con año el recurso federal destinado al deporte fue a la baja y de aquellos casi siete mil millones que se destinaron en el último año de Calderón, hoy no se llega ni a la mitad. En seis años hubo una reducción de alrededor del 61% del recurso que tuvo a su cargo la CONADE.

Segundo, no vimos un proceso secuencial. El ex olímpico Jesús Mena, duró poco menos de dos años en el cargo y su gestión fue grisácea. Mención especial merece el programa estelar que Mena quiso implementar y que desde su concepción se convirtió un fracaso operativo y económico, “ponte al 100”. Mena, quien en el papel lucía como un tipo conocedor de la estructura deportiva mexicana, pronto se dio cuenta que no es lo mismo el ejercicio público y el cuestionamiento constante que este conlleva, al ser un “funcionario” con actividades ocasionales en un organismo internacional.

A la salida de Mena el tema de su suplente cobró importancia. Marijose Alcalá, Fernando Platas y Carlos Acra, fueron algunos de los nombres que barajearon, pero jamás se tuvo en el radar el nombre de Alfredo Castillo Cervantes, familiar directo de un par de hombres muy cercanos al presidente, Humberto Castillejos Cervantes, consejero jurídico de la presidencia y Raúl Cervantes, quien a la postre se convertiría procurador general de la república y propuesto posteriormente como fiscal “carnal”.

Castillo jamás tuvo un acercamiento previo con el deporte. De la procuración de justicia, al sector de seguridad pública, después en la protección de los derechos de los consumidores, nada, nada ligaba a Castillo Cervantes con el deporte, ni siquiera se le conoció una afición especial, caso contrario con Bernardo de la Garza quien acostumbraba participar en competiciones de triatlón.

Castillo emprendió una ofensiva contra algunas de las, hay que decirlo, federaciones más opacas, pero el detalle no fue el fondo, sino la forma. Decidió apelar a la facultad de la CONADE para otorgar el reconocimiento de una federación como parte del sistema nacional del deporte, pero no reparó en dos puntos importantes, el requisito del reconocimiento por parte de la federación internacional en tal o cual disciplina y la injerencia gubernamental que ya había sido diseñada desde el legislativo, a través del “Tibio” Muñoz, al crear la figura de una acéfalo, hasta el momento, consejo de vigilancia electoral en el deporte.

El razonamiento de Castillo fue fácil. Retiro el reconocimiento, promuevo una nueva federación “afín” y esta recibe el reconocimiento oficial. El mejor ejemplo, la federación mexicana de luchas asociadas.

El resto ya es conocido. El chantaje de Contreras y el boteo de los boxeadores. La detención de Lozano y Effy Sánchez, la judicialización a la que orilló a varios federativos. La falta de tacto con organismos internacionales. La ríspida relación con FIBA y el bochornoso episodio de las vacaciones en pareja en Río que lo llevaron a los más duros cuestionamientos por parte de legisladores de las distintas fracciones. El punto más bajo de Castillo se dio cuando Aurelio Nuño tuvo que intervenir ante el Comité Olímpico Internacional y su presidente, a fin de evitar sanciones por intromisión gubernamental.

Los resultados en el ciclo olímpico estuvieron distantes de lo esperado, pero ante eso, el jefe de Castillo refirió un y permítame parafrasear, “nos fue de la fregada, pero siempre hemos estado así”. Un salvavidas.

Con qué nos quedamos en este sexenio. ¿Academias?, basta con leer el reportaje de Proceso sobre los resultados en materia de beisbol. 60 millones de pesos invertidos para obtener 18 prospectos. El fracaso de un programa nacional en materia de activación física. Las graves omisiones en la transición del “ponte al 100” al “30 m” que solo recibieron cuestionamientos severos por parte de la comisión de deporte. El “ofrezco una disculpa pública” o las declaraciones contra la federación internacional de natación que culminó en la prohibición de ver ondear la bandera nacional.

Ni se tomaron las bases anteriores, ni se construyeron nuevas. Conflictos internacionales, escasez de resultados o como dijo el ex secretario de educación, “sin variación positiva”, el sostener a una persona que no demostró conocimiento alguno en la materia y una gravísima reducción presupuestal, es la herencia que deja la CONADE en el sexenio de Peña Nieto.

P.d. Erik Morales, diputado por la coalición que tiene mayoría en ambas cámaras, anunció que el presidente López Obrador destinará 5 mil millones de pesos para el deporte en 2019. No lo creo, serán menos de 2 mil quinientos y en caso de que se confirme la cifra, no sería mayor a lo que se tenía hace 6 o 7 años. Quiere un dato más llamativo…hay más de 10 universidades en Estados Unidos que en lo individual destinan una mayor cantidad de dinero que los 5 mil millones anunciados. Bueno, con decirle que Mayweather ganó 5 mil 400 millones de pesos en 36 minutos de pelea con el filipino Pacquiao. No es para echar las campanas a volar.

*El autor es Licenciado en Actividad Física y Deporte por la UABC. Fue responsable de deporte asociado en el Instituto del Deporte de Baja California. En la actualidad encabeza la coordinación de educación física en el Sistema Educativo Estatal. También preside el consejo directivo del Salón de la Fama del Deporte de Ensenada.

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