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MARCO DEPORTIVO :: El campo de los futbolistas
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En alguna época fue el escenario de lujo para el futbol de la ciudad.
Equipos de primera división y las grandes glorias locales lo convirtieron en sede de los espectáculos que llegaban a la plaza cuando todavía no existían los políticos con disfraz de promotor de futbol, las antítesis de Midas.
Es un campo llanero, siempre lo fue, pero llegó a tener su momento de esplendor, de dignidad.
Tanto así, que un presidente municipal ordenó, sin éxito, quitárselo a la liga que lo maneja, ocasionando un enfrentamiento histórico que acabó con amistades y lesionó, con fracturas hasta hoy irreparables, al gremio del futbol.
Entonces los futbolistas conservaron su terruño, luego de luchar con un estoicismo tan grande como el tamaño de la apatía y el desdén con que han hecho valer aquel triunfo sobre la intromisión gubernamental.
Enclavado en un fraccionamiento que le presta su nombre, dentro de una manzana que abarca a una importante unidad deportiva y colindante con una secundaria y una preparatoria, el campo ha perdido brillo, e incluso su lugar prioritario como referencia del futbol de la ciudad.
La decadencia es justa recompensa para las directivas que, lejos de cuidar y potenciar las virtudes del inmueble, lo han ido apagando hasta convertirlo en el desastre que es hoy en día.
Tuvo pasto y se le secó. Tuvo a un público fiel que terminó por irse. Tuvo instalaciones dignas que se han ido deteriorando ante la indiferencia de sus posesionarios.
Tuvo todo, pero hoy tiene muy poco, si no es que nada.
Pasar por ahí y ver su fachada, es adivinar lo que se descubrirá por dentro.
Aquella vieja taquilla, junto a la pequeña puerta de acceso --por donde el público ingresaba para ver los últimos espectáculos futbolísticos que llegaron a la ciudad hace más de una década--, es la antesala del caos.
Para pararse ahí, hay que armarse de valor o portar una mascarilla que proteja al olfato del ambiente fétido que emana de la vieja taquilla, baño público improvisado que combina con el panorama desolador de una obra inconclusa y reducida a escombro por la que nadie se interesa.
Los años pasan, los usuarios aumentan en cada liga que ahí programa sus jornadas, el subsidio de agua y luz persiste, los patrocinios llegan y los conciertos musicales, cotizados entre 50 y 100 mil pesos, abundan.
Pero la fachada, la cancha, los sanitarios y las gradas son ruinas, áreas desventuradas que contrastan con la bonanza económica, con la fiesta y las carnes asadas que se organizan en cada oficina de cada liga, para festejar que tienen en su poder “el campo de los futbolistas”.
mdominguez@elvigia.net
md_niebla@hotmail.com
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