LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Periodicazos
Cada vez que al periódico en el que trabajé llegaba un promotor cuyo único interés era “llevar el deporte a los que menos tienen”, sentía un sofocón, una especie de náusea, asco frente la frase hecha. El tiempo me enseñó a detectar a los promotores buenos de los malos, a los que trabajan de los que no, a los que priorizan el desarrollo de los deportistas de los que priorizan el desarrollo de su bolsillo. Y lo primero que entendí es que quienes comúnmente utilizan la vía del “periodicazo” para conseguir algo a cambio, son de los segundos. Tengo que admitirlo: cuando la recepcionista me llamaba para anunciar la presencia de “un promotor con una queja contra las autoridades”, solía asomarme y, dependiendo del personaje en espera, giraba instrucciones: “dile que estoy ocupado”, ordenaba en la mayoría de los casos. La persistencia es algo que les admiro a los personajes en cuestión. Los más tranquilos insistían una vez y hasta dos veces. Los más aguerridos llegaban a hacerme guardia por horas hasta exponer su “queja contra las autoridades”. Siempre que alguno acudía iracundo para cuestionar el desdén de las autoridades, recordaba al viejo régimen paternalista del que tantos tanto se quejan, pero tan arraigado sobre todo en esas clases: “las que menos tienen” y a las que también se les podría calificar como “las que todo piden” y las que cada elección creen que esos mentirosos que los visitan en campaña van a cumplirles con lo prometido. Los temas, eso sí, eran tan variados como recurrentes. Que no nos dieron los balones que nos prometieron, o que el campo de la colonia está en el abandono, o que por qué vamos a pagar por entrar a una unidad deportiva pública si es obligación del gobierno permitir el acceso de todos sin excepción. Bla, bla, bla. También hay otro tipo de promotores; esos generan tal cantidad de dinero que podrían vivir tranquilos, sin preocupaciones el resto de sus días, pero, a la hora de invertir un peso de su bolsa para dar mantenimiento a la instalación deportiva pública que utilizan, ponen el grito en el cielo y actúan como los antes referidos: señor periodista, la autoridad quiere abusar de este sacrosanto promotor deportivo. Cierto, razón no les falta ni a ellos ni a nadie cuando catalogan a ciertos funcionarios públicos de ineptos, vividores, ignorantes, abusivos, insensibles, cínicos… Pero no soy de los que les hace el negocito a esos cuantos que actúan a nombre de “los más necesitados”. Las historias de los buenos y abnegados contra los malos y desalmados, nunca me han interesado. Para eso está otro tipo de periodista. Los promotores que sólo aparecen en la prensa quejándose de sus desventuras, sin más aval que su palabra y sin más resultados que sus conflictos con las autoridades, estarán felices de acudir al periódico en el que algún día trabajé: ya no esperan horas en recepción sin ser atendidos.




