LA COLUMNA
La Columna

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Modorra
No le voy a quitar tiempo. Se lo garantizo. Esto le llevará de dos a tres minutos, a lo sumo. Si inicia, trate de acabar. Termine lo iniciado. Léame. Hágame ese favor. Ese es mi desafío en cada entrega: ser leído. Por eso le pido que sea lo único que haga. Lea. Colabore conmigo. Siga cada una de las líneas sin esperar demasiado. Deje de lado su sentido crítico. Écheme la mano. Si no, corro el riesgo de no ser publicado más en este espacio. Con esto del internet, ya hay conteos que demuestran las entradas a cada texto, ya sea nota, artículo o reportaje. Así que no hay manera de mentir inflando las cifras. Por mi parte, entraré una y otra vez a leerme y releerme (guárdeme el secreto, se lo suplico). Siempre lo hago. Pero eso de colaborar conmigo mismo para que parezca que los lectores devoran ansiosos cada presentación de esta columna, no basta. Lo necesito porque estoy lejos de crear una de esas columnas recordadas por usted con una generosidad y una nitidez que me halagan, textos repartidos por las redes sociales, normalmente cuando el personaje abordado vale la pena. O mejor dicho, cuando la historia y el personaje abordado valen la pena. Este, obviamente, no es el caso. El esfuerzo que usted realiza (si es que ha llegado hasta este punto) se trata más de un favor al autor que una experiencia que vaya a dejarle algo valioso en términos informativos. No hay personajes ni historia. No hay realidades. Ni siquiera ficciones que semejen parte de la realidad. He avanzado y me impresiona haber llegado a la mitad de la dimensión del texto que tengo que entregarle al administrador de la página sin haber generado un tema en específico, una idea clara a desarrollar que merezca ser publicada. Pónganse por un momento en mi lugar, independientemente de la profesión que ejerza. Es apenas 3 de enero. Los negocios están abiertos, pero solitarios. Las calles apenas empiezan a recuperar su ritmo cotidiano. Es lo mismo en el deporte. Es jueves y estoy por partir. Habrá presentación del equipo de primera en Tijuana. Y de viernes a sábado hay estatal de boxeo. El domingo regresan las programaciones de costumbre. Ya se generarán entonces las historias a contar en las siguientes columnas. Por lo pronto, le agradezco haber llegado hasta este punto. Y disculpe que aún no me sacuda la modorra que llevo a cuestas después de las fiestas decembrinas. Ya me pondré a mano. Se lo prometo.




