Isaac y Éder, del Valle a Montreal

Por Fernando Ribeiro Cham
Dos ensenadenses en Montreal. “Misteriosos son los caminos del Señor” y sí, porque de esta misma ciudad en donde en el espacio público se ha instalado un “no tendrás otros dioses excepto a Jehová” y un “no robarás”, en menos de 24 horas estarán pedaleando otras dos rarezas del deporte, porque de aquí, de la Ensenada en donde el presupuesto al deporte ha llegado a destinarse casi en un 90% en nómina gubernamental, un par de muchachos que hace unos meses rodaban con la brisa que baña a los viñedos, estarán en la máxima cita del ciclismo mundial. ¿Rarezas? Sí. Como lo fue Raúl Ramírez o Daniel Corral, porque no hay antecedentes de mexicanos en esas disciplinas, tenis, gimnasia artística y ahora ciclismo, tan encumbrados como éstos ensenadenses.
Mire que me da un gusto enorme. Lo merecen los dos. Uno, ya en el atardecer de su carrera, expresado ello por él mismo, pero compitiendo de forma gallarda y valiente, basta con recordar ese ataque hace un año en tierras africanas, con el que empujó al otro, el del UAE, al que se le dosifican gramos y mililitros, el de la bicicleta colnago, el que responde en inglés o italiano. ¡Qué orgullo por este par!
Tuve la oportunidad de estar en el campeonato nacional sacado de la manga por las autoridades del ciclismo nacional y allí estaban, Isaac siendo acosado por el asistente del asistente del secretario de la secretaria de tal o cual funcionario que le pedía una selfie y Éder, como lo recuerdo desde su etapa juvenil, con su familia, uno absorto con los audífonos, el otro disfrutando a su manera, pero llegó el momento en que ambos demostraron lo mucho que quieren a su tierra, a la Ensenada, cuando ya con una ventaja definitiva, Isaac saludó a cuanto admirador tenía a la izquierda y derecha, fue generoso, lo hizo con quienes siempre han estado, con sus iniciadores y quienes apostaron por él, no como esas autoridades que seguramente ya están en Montreal, apoyando a “su torito”, aunque en todo el Giro de Italia hayan guardado mutis, ni una felicitación para quien ostentó la Maglia Rosa, so pena se llevarán la regañada “por delante” y Éder, peleando con otros ciclistas más jóvenes, pero impulsado por quienes le han visto de forma más constante aquí, en el puerto y acompañando hoy a quien lleva la bandera nacional en el pecho.
Alguna vez un amigo enólogo me contó que entre más estresada está la vid, mejor fruto da y eso son estos dos muchachos, frutos del terreno árido del deporte mexicano, quienes migraron de su hogar, dejaron atrás a la familia, a las amistades y se aventuraron en busca de sus anhelos deportivos.
Inmerecidos para el deporte local estos dos ciclistas, queda disfrutarlos, emocionarse con ellos y el resto del equipo nacional y claro, emularlos desde nuestro ámbito.
Mañana se dirá que son de Ensenada, de esta tierra tan generosa, tanto que de ella incluso surgen, ante la enorme improbabilidad, dos ciclistas de clase mundial como Isaac y Éder.
¡Mucho éxito a ambos y al equipo mexicano!




