Marco Deportivo :: La última columna del año (Rayito)

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Marco Deportivo






Tenía en mente escribir una columna reflexiva y personal, propia para la ocasión. Pero cambié de opinión cuando descubrí una historia conmovedora. Todo empezó el día que lo encontré entre mis contactos de Facebook. No sé si él me envió la invitación o yo a él. Finalmente, eso es lo de menos. Lo importante es que hubo un momento en el cual establecimos ese vínculo. Jamás hemos cruzado palabra más de cinco minutos. Todo lo que sé de él lo sé porque lo he visto jugar y por referencias de colegas y otros beisbolistas y softbolistas. Sé que es inconfundible, tan único como el caminado de suficiencia que distingue a los buenos peloteros. También sé que impone respeto, ya sea bateando como beisbolista temido por los lanzadores rivales que buscan la manera de esconderle la bola, o como pitcher de softbol que busca esconderles la bola a sus temidos rivales. Sé que es de esos zurdos de poder que pueden poner a volar la pelota con un solo swing, para luego cambiar de perfil y convertirse en uno de esos derechos que lanza fuego por debajo del brazo desde el círculo marcado con cal. Sé que es un jugador codiciado en los torneos locales y también fuera de la ciudad, seleccionado nacional que ha representado a México en múltiples ocasiones, un deportista con caminado andado gracias al talento con el que nació. Por todo lo que sé de él no me extrañaron las fotos que vi las primeras veces que ingresé a su muro de Facebook. Eran un montón de imágenes suyas con el uniforme de la selección nacional de softbol de México. Pero de un tiempo a la fecha, tras cada visita a sus fotografías y sus mensajes, supe otras cosas de él. Supe en ese momento que con cada clic estaba por descubrir más allá de lo que muestra un deportista dentro de un terreno de juego. Por ejemplo, supe que esa seguridad en sí mismo, transmitida cuando entra a un campo de beisbol o de softbol, se transforma en ternura cuando habla de Rayito, como él le dice a ese pequeño que estará maravillándolo apenas con sus primeras palabras. Supe, sobre todo, que Ray Parra, el beisbolista y softbolista, es un padre ejemplar. Ahora sé que ambos, uno desde el sacrificio al que todo hombre está dispuesto a hacer por un hijo y el otro desde la fortaleza demostrada a tan temprana edad para superar la adversidad, me han dado una historia digna de contar para finalizar este 2011. Sé que no pude hacer mejor selección del tema, porque sé que padre e hijo, Ray y Rayito, son los protagonistas de una verdadera historia de amor cuyos siguientes capítulos entregarán una victoria en equipo, un triunfo para brindar por la vida.

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