Marco Deportivo






Tensión, incomodidad, pocas palabras. El inicio de la escena es predecible. Miradas esquivas, inseguras. Cabezas bajas, malestar, sonrisas hipócritas. Gestos acartonados, inexpresivos, tan falsos como falso será el encuentro de las manos, el saludo forzado. La dignidad oculta en un rincón. El orgullo también. La disculpa a cambio de la ofensa, la afrenta, la denuncia, el desafío, la amenaza de ida y vuelta. La historia ha definido el perfil de sus dos personajes estelares en la escena del reencuentro. La sumisión de uno y la soberbia del otro. El organizador de la revuelta, doblegado, vencido. De promotor de la rebelión a promotor de la rendición. De líder moral del golpe de estado fallido a caudillo rendido. De crítico del sistema a defensor del sistema. De detractor a conciliador. De enemigo a afín. El otro protagonista disfrutará el momento, enseñoreado, triunfante. De dictador despreciable a dirigente ejemplar. De manzana de la discordia a unificador de esfuerzos. De enemigo de la democracia a otorgador de perdones. De titular de una farsa a titular de un organismo legal e impartidor de normatividad. De líder en desgracia a líder en la abundancia. Los protagonistas, a pesar de sus diferencias, se conocen a la perfección. Tan cómplices como rivales. Tan amigos como enemigos. El tiempo los separó, pero ya están unidos nuevamente. Momento de coincidencias, ya no de diferencias. Los dos, en el fondo, saben que juntos, asociados, han vivido sus mejores etapas. Se necesitan, son parte de lo mismo: esa cosa surrealista y extraña llamada deporte amateur. Federación y asociación, sinónimos de legitimación para ambos. Así hablarán, desde esa posición, en su mismo idioma. El anfitrión del encuentro bien sabe que la reconciliación no será sencilla. Tendrá que esmerarse en montar una escena digna de contentar a su invitado, quien, agraviado, seguramente se hará del rogar. El lugar ayudará romper el hielo, la tensión. Manteles largos. El segundo piso del restaurant cerrado para la ocasión. Lo mejor del mar a la mesa: langosta y demás mariscos, lo más selecto de la cava. Los meseros más experimentados y hábiles para servirlo a él y a toda su comitiva. Todo como antes. Igualito. Ya después, retomada la confianza entre ambos, se hablará de selecciones y salidas, campeonatos nacionales y boletos de avión, patrocinios y presupuestos. Entonces, las cosas volverán a la normalidad. La última escena también es previsible: todos dirán salud por el regreso ya consumado de la Liga Industrial Comercial de Alberto Mancilla a la Asociación Estatal de Beisbol de Freddy Lugo. Seis años de rencores enterrados en un pestañeo. Un simple pleito entre compadres.

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