Apuntes perdidos






Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Modelo 72. Cuando me enteraba de que a los 24 años ya había pitado sus primeros Juegos Olímpicos, su ejemplo me motivaba a entender que la juventud no es impedimento para buscar el techo más alto, sin importar la edad. Ocho años después, a los 32, cuando me enteré de que pitó sus segundos Juegos Olímpicos, su ejemplo me motivó a trabajar con el mismo ahínco para desafiarme cada día y así demostrar que las facultades siguen intactas, sin importar la edad. Y ahora, a tantos años de aquello, ya con 42 a cuestas, cuando me entero de que «el árbitro internacional mexicano, José Reyes Ronfini, de Ensenada» pitó más juegos que nadie en el Campeonato del Mundo de Baloncesto, su ejemplo me motiva a imitarlo desde mi área para perseguir la excelencia y jamás desistir en el intento de ser el mejor, sin importar la edad.

Respuesta por escrito. -Me dijeron que ni un peso para AGP.

-Ni un peso de qué.

-Del presupuesto.

-¿De qué presupuesto?

-Para publicidad. Dicen que ya le sugirieron a su jefe que nada para AGP.

-No entiendo. ¿Estaremos hablando de los mismos?

-Hablo de los ex Diablos, los que ahora son Tiburones Blancos.

-No jodas. ¿Los de Tercera División?

-Sí, en serio. Eso dijeron.

-Mira, diles de nuestra parte que ni se preocupen porque no son precisamente el tipo de empresa con la que buscamos alianzas comerciales. Digamos que a empresas nacientes, primerizas como a la que ellos representan, generalmente los medios de comunicación les damos cobertura sin pensar en eso de la publicidad, a menos que ellos lo busquen, como sucedió el año pasado.

-Sí, recuerdo.

-Además, sería más justo que en vez de pensar en invertir con nosotros, mejor vayan juntando para sus salidas y no tengan que mover todo el calendario a mitad de torneo para ahorrar. Y luego sus pendientes con los chicos de las camisetas y el colaborador del cuerpo técnico. En fin, diles que AGP les dará la misma cobertura del año pasado para echarles la mano, siempre y cuando ellos mismos no se boicoteen con novatadas como vetar a la prensa.

-De tu parte.

-Te iba a decir que felicites a quien les recomendó al nuevo técnico, pero me enteré de que ya no trabaja con ellos. En eso acertaron. Parece que ha armado un buen equipo. Aunque, sabes qué, mejor ya no les digas nada. Mejor le diré al colaborador que escribe la columna en el portal que les cuente por escrito lo que acabamos de platicar. Creo que lo leen.

Certificados gratis. Siempre se habla del tema con aquella máxima de que todo tiempo pasado fue mejor. En el caso, para mí, aplica. Pero como lo creo, no pasa de ser una subjetividad, una simple opinión. En la buena época, según recuerdo, se hacía un examen exigente, duro, y no cualquiera lo aprobaba. El que salía de ahí con el certificado, después del viaje a la capital, tenía que haber librado desafíos de todo tipo ante sinodales especializados en temas como cultura general, dicción, voz, facilidad de palabra, improvisación. De esto hace como veintitantos años, cuando los locutores eran de verdad. A los de esa especie, todos conocidos durante el trayecto por cada estación de radio cuando acompañaba a mi padre -un colega de ellos-, mi eterna admiración. Es cierto que desde entonces no todos son malos sólo porque recibieron el certificado sin más mérito que tramitarlo. Incluso, yo soy de esos. Y ahí está el mío, quién sabe dónde, fechado durante el ocaso del salinismo, por ahí del 93. No ejerzo la profesión ni me quedan las felicitaciones por festejos como el del martes. Los regalos, y más los de ese tipo, me ponen pudoroso.