LA COLUMNA


Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Apagones, suspicacias y fiesta
El equipo de casa pierde por nueve carreras. La pizarra marca la victoria visitante de 12-3. Es el sexto juego de la serie. No hay mañana. O ganan o adiós. Sexta entrada. Los locales inician bien. Doblete. Luego errores y bases por bolas. Dos carreras anotadas. Bases llenas. No hay outs. De pronto, una de las torres de alumbrado se apaga. Luego otra. Después una más. Pasa media hora. Todo a media luz. Dan las once y media. Agoniza el sábado. El campo deportivo ya se ha empezado a vaciar. Todo en calma. Todos parecen tranquilos, relejados. Los pocos aficionados que quedan, se resignan. Sexta entrada, juego legal, suerte sentenciada. Pero no. En playoffs cambian las reglas. El sonido local solicita la atención del público. Lo que resta del juego se disputará al otro día, el domingo a las tres. Sólo una precisión de parte de la directiva: si vienen mañana a ver lo que resta del juego pueden entrar con el mismo boleto, pero si se produce el milagro y la remontada, el estadio se vacía. Algo así como gracias por apoyarnos, por aguantar el apagón e irse a la media noche, pero si ganamos y quieren ver el séptimo juego, van para afuera y paguen otro boleto. Llega el domingo. Pocos creen en los milagros. Sin embargo, algo pasa. Los aguerridos visitantes cambian, se vuelven pasivos y ni las manos meten. Los pasivos locales también cambian, se vuelven agresivos, ellos sí meten las manos y anotan las diez carreras que necesitaban para ganar y exigir el séptimo juego. Todo sucede rápido. En poco más de una hora, el milagro. Remontada épica. Momento de proceder con lo anunciado. Todos para afuera. Gracias a la mejor afición de la liga por soportar el apagón de anoche y por venir al otro día, pero si quieren disfrutar viendo a su equipo consumar la hazaña, paguen otra vez. El ánimo en una caseta y en la otra disipa las dudas. Aún antes de jugarse el encuentro definitivo, ya hay ganador de la serie semifinal. Los lanzadores extranjeros salen en su día. Los visitantes ni la bola ven. Los de casa sí. Blanqueada y clasificación heroica. Abrazos, fotos, festejos en el campo de juego. Ambiente de fiesta. El norteño a todo lo que da. El triunfo inimaginable, increíble, mantiene al equipo con vida. Cuatro juegos más en casa. La directiva feliz. El sonido local ahora no lo dice. No hay necesidad. La afición ya lo sabe. A juntar a ver de dónde para ver a su equipo en la final. A la salida del estadio, dos aficionados discuten. Uno duda de lo que recién vio. El otro le recrimina. Llega el lunes. El ambiente es de suspicacias, de sospechas. También de celebración, de orgullo. Cada quien vive a su manera lo sucedido durante la gesta deportiva del equipo de casa.




