Apuntes perdidos






Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Lecturas y futbol. Sé de dónde venían. Por eso simpaticé de inmediato con los cuatro chicos. Primero pensé en El Jaguar, El Esclavo y el Poeta, los cadetes del Leoncio Prado en La Ciudad y los Perros. También en Joaquín, el chico de los excesos en No se lo digas a nadie. O en el asistente de archivo Félix Chacaltana Saldívar de Abril Rojo y La Pena Máxima, ese mismo que sabía que estaba en su ciudad natal cuando alzaba la mirada y encontraba un cielo color panza de burro. No pude omitir en el repaso memorioso a Cubillas y El Cholo Sotil y La Cobra Muñante y Patrulla Barbadillo y todos los que, vestidos de blanco con la franja roja en diagonal, como un latigazo en el pecho, eran protagonistas en la cancha que se pararan durante los gloriosos años setenta. Después de que de los cuatro chicos peruanos vivieron una semana en Ensenada para sostener un intercambio deportivo con seleccionados mexicanos de Karate, uno de ellos (con el que más conversé, emocionado por su procedencia), me preguntó si conocía Lima. Sí, conozco, le dije. Y nunca he estado ahí.

Cuota de géneros. Mira que tengo bastante por escribir. La crónica del juego, el relato. Luego hay que ir a las entrevistas para después publicar las notas sobre las versiones de los técnicos y contrastarlas con las de sus jugadores. Tengo pendiente, además, el reportaje sobre los problemas generados por el malandrín que dirige la asociación del estado y eso me llevará un buen tiempo en lo que recabo un montón de opiniones que completen el trabajo. Y eso sin contar que es miércoles, día de columna. Así que, mira, cuando te digan algo, así desdeñosos, diles que se ocupen de sus rueditas de prensa para completar la cuota diaria, de tomarse suficientes selfies como para comprobar que salen a trabajar (si es que eso es trabajar) y que de paso les deseo suerte en la titánica tarea de generar la cantidad necesaria de notitas de esas de una parte, una versión, la del convocante que verá publicado al otro día lo que él quiere que se publique. También cuéntales que no nos interesa eso que pomposamente llaman información general. En deportes hay tanto quehacer. Y mira que acá la dejo. Tengo que decidir por cuál de todos los géneros comienzo.

Pueblo. Eran los primeros días de 2007. El alcalde de entonces anunciaba la construcción de un estadio de futbol que, pasados casi ocho años, sigue inconcluso. Los primeros días de 2014, el alcalde que gobierna en este momento anunció la construcción de un estadio de beisbol cuya primera piedra, supuestamente proyectada a colocarse durante el segundo trimestre del año, ya ni siquiera es tema de conversación como si se tratara una de esas tantas promesas sepultadas por las mismas voces opositoras que, ofendidas, y pasados casi ocho años, vuelven a cuestionarse: ¿estadios?, ¿cómo que estadios?, mejor que pavimenten las calles, que pase la basura, que construyan campitos para el deporte amateur. Y entonces y ahora, pasados casi ocho años, los tantos ensenadenses que emigran y conocen otros lugares y regresan, siguen diciendo, con conocimiento de causa: extrañaba tanto mi pueblo, mi rancho.