Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Cerrado por compromisos familiares

Avenida Obregón entre las calles cuarta y Juárez. La clínica está justo ahí, frente al viejo boliche y otras edificaciones de tradición, en pleno centro de la ciudad. Agenda siempre ocupada, cubierta en cualquier horario. Una y hasta dos semanas en lista de espera ante la demanda de pacientes. Atiende el doctor. Oftalmólogo de prestigio, auxiliado por su esposa, enfermera de profesión. Trato, por lo tanto, especializado. Al ingresar, la recepcionista se encarga de la bienvenida, antes de dar el pase a la toma de datos por parte de la esposa del doctor. Preguntas para conocer el historial del paciente y el origen de la afección que ha obligado a la consulta. Debidamente cubierto el trámite, a la sala de espera nuevamente. Llegado el turno, “pase usted”, el doctor revisa lo redactado previamente por su esposa para enterarse de la tarea a realizar con el paciente recién acomodado en la silla colocada frente a él, con el escritorio de por medio. Cabeza echada hacia atrás, la vista clavada sobre el monitor con interés en la lectura, sonrisa permanente y tono de voz alto, fuerte, pero amable. Dos o tres preguntas más, las de rigor, y la invitación a ocupar la otra silla, la de revisión. Los ojos del paciente cubiertos por el equipo especializado y el doctor en lo suyo, concentrado, frente a frente, en el análisis del asunto a tratar. Ya de vuelta al escritorio, diagnóstico inmediato y explicación detallada del padecimiento. La confianza establecida desde el primer contacto, como sucede de modo espontáneo con todo buen médico, facilita lo demás. Instrucciones precisas, receta en mano y fecha para la próxima cita. Días después, de regreso, revisión de rutina y, ante la mejoría, el alta médica. Hará más de año y medio desde la última visita. Por fortuna, la vista ha andado bien desde entonces; sin problema alguno. Y más vale que así siga. La semana pasada el doctor y su esposa salieron de de la ciudad. Compromisos impostergables, asuntos familiares, según indica el anuncio colocado sobre la puerta del consultorio ubicado en la avenida Obregón entre las calles cuarta y Juárez, justo ahí, en pleno centro de la ciudad: “Aviso importante. La clínica permanecerá cerrada del miércoles 25 de julio al viernes 10 de agosto. Estaremos acompañando a nuestro hijo Daniel Corral Barrón en las Olimpiadas de Londres. Esperamos su comprensión. Atte: Dr. Enrique Corral y Gloria Barrón”.