LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Brazadas por venir
La algarabía cupo sólo en aquellos que no estaban al tanto del proceso de clasificación. No era su caso, obviamente. Él sí lo sabía. Lo reveló con un gesto incómodo, expresado cuando volteó a ver el cronómetro después de esas treinta idas y vueltas. Serio, pensativo, con la mirada perdida, dio un ligero golpe a la valla divisoria de su carril, recién finalizado el recorrido de los mil 500 metros libres. Antes lo había repetido una y otra vez: para llegar a la final hay que estar por debajo de los 15 minutos. Fue entonces que no pudo ocultar la molestia al enterarse de su registro: 15 minutos, 25 segundos y 91 centésimas. Distante del propio récord mexicano que él mismo posee y que significó su invitación a la justa: 15 minutos, 24 segundos y 58 centésimas. Mucho más lejos aún de la famosa marca A, reservada para la crema y nata, para la élite internacional: 15 minutos, 11 segundos. Líder de su eliminatoria, sí, pero en ese momento estaban por competir tres grupos más. Todavía al salir de la alberca, enfocado por la cámara, levantó el pulgar y acompañó la imagen con una sonrisa forzada a manera de mueca. De esas veces en las que perfectamente puede aplicarse aquello de que una imagen dice más que mil palabras. Apenas instantes más tarde los tiempos de los primeros competidores de la segunda tanda ya habían sentenciado su destino. Después siguieron los dos heats restantes: el tercero y el cuarto. Los tiempos cada vez más impresionantes. Las posibilidades cada vez más sepultadas ante esas máquinas de forma humana, devoradoras de metros a punta de brazadas firmes, seguras, decididas. Los punteros como en otra velocidad conforme avanzaban las eliminatorias. Inicios calculadores. Tanta distancia como margen para la estrategia. Cierres ajustados, emotivos. Y al final los ocho clasificados listos para buscar el oro, la plata y el bronce el sábado en la final. Todos, como él bien lo dijo antes, por debajo de los 15 minutos. Ahora, como él bien lo sabe, es momento de mirar hacia el futuro. Cuatro años por delante para conformar un entorno acorde a su potencial: ordenado, sin patadas ni golpes bajos, sin portazos en la nariz ni pretextos, sin sacrificios económicos y emocionales para la familia. Arturo Pérez Vertti, de 20 años, el mexicano de Ensenada, el nadador olímpico, tiene el porvenir en sus manos: Río de Janeiro, en 2016, su próxima meta.



