LA COLUMNA

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Futbol
Me miran como si hubiera escupido una blasfemia, como si mancillara el buen gusto, o infringiera alguna ley. ¿Te gusta el futbol? ¿Es tu deporte favorito?, me han recriminado (no preguntado) infinidad de veces, en medio de gestos incómodos y molestos, ojos pelones que me juzgan como si me hubiera declarado culpable de un delito mayor. Asiento apenas, sin saber porqué, pero recapacito y ante la insistencia de la pregunta asiento con mayor firmeza. Y es que me niego a que cualquiera se sienta con el derecho de cuestionar mi afición, la pasión de una vida. Cómo podría avergonzarme de amar a ese deporte si a través de él he entendido tantas filosofías de vida, tantas analogías que aplico a diario. Cómo podría renegar de aquellas mañana de domingo gritando los goles de mi equipo a coro con mi padre y mi hermano menor, o discutiendo fervoroso con mi hermano mayor, afín a otros colores. Y menos podría esconder al deporte que me unió a mi viejo durante los últimos años de su vida cuando nuestro equipo –entonces todavía unas águilas valientes de amarillo y azul, y no la cosa insípida y desarticulada que es hoy en día– ganaba campeonatos como loco y nos contagiaba ese mismo estado mental con cada gol, con cada triunfo. Cómo suponen que negaría mi pasado de niño aspirante a futbolista, con el balón siempre a mi lado y toda la colección de revistas especializadas sobre el tema llevadas a todos lados, apenas aprendí a leer. O cómo borrar de mi memoria los latidos acelerados cinco minutos antes de que sonara el timbre a recreo para iniciar las cascaritas de media hora en las que se fortalecían tanto las complicidades como las rivalidades. Cómo entender la magia de ese deporte si Anael, mi hija, el amor de mi vida, ama al equipo de puros mexicanos al que yo no soporto, y no soporta al equipo de la televisora al yo amo. Cómo esconder el placer que terminó convertido en profesión: sin el futbol no habría encontrado al periodismo y sin el periodismo no habría encontrado la segunda pasión de mi vida. En resumen, trabajo en contacto con las dos pasiones que mayor placer me han dado a lo largo de mis cuarenta años. Soy un afortunado. Si tu pasión es otra y no entiendes lo que siento, o si consideras que el futbol es el origen de todos los males del deporte mexicano e internacional, o si crees que es una herramienta de las autoridades para idiotizar al pueblo, esos son tus problemas. Yo no me meto con tu afición ni tus pasiones. Incluso, las respeto. Tú no te metas con las mías.



