Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Suerte de oro

Tuvieron suerte. Cuando su competencia entró en el momento cumbre, la de su paisano ya había acabado. Ellos todavía en Londres, su paisano ya de regreso. Mientras su paisano disputaba la final, ellos se encontraban en plena semifinal. El avión de ellos tuvo que esperar hasta el final, hasta el último día, gracias a ese resultado: el de la semifinal. El de su paisano no, ya había salido casi una semana antes. Ellos, los dos, piezas clave, ya fuera de titulares o de suplentes, piezas intercambiables pero efectivas en ese esquema consistente en acorralar, morder, apretar, consumir, asfixiar al rival. El uno por el otro durante los primeros juegos. Uno en sustitución del otro, por lesión, al final de la primera fase. Ya en la etapa importante, los dos complementándose en la tarea primaria de ese equipo ambicioso, trabajador, luchón. Agigantados ante los gigantes. Afianzados y hasta goleadores a pesar de que lo suyo sea más asunto de destruir que de construir. Infaltables en el recuento del hombre por hombre. Europa en la agenda. Paso perfecto. Wembley como escenario idílico. Terminado el trabajo, ellos, con sus medallas de oro al cuello, directo a la capital. Y de ahí, uno a Guadalajara para ponerse a las órdenes del holandés en las Chivas y el otro a Pachuca para ponerse a las órdenes de Hugo en los Tuzos. A su regreso, ni siquiera tocaron el estado en el que nacieron, a diferencia de su paisano, el gimnasta, quien, recién desempacado, se encontró inscrito por terceros en otra competencia muy distinta a la que disputó en Londres. Se trataba una contienda escenificada no en una arena ante jueces especializados en gimnasia, sino en el congreso del estado ante políticos también especializados, pero en otras cosas. En esta evaluación no tuvo enfrente a gimnastas japoneses, chinos, alemanes o franceses. Un ex gobernador recientemente fallecido, resucitado como su rival por la medalla de primer lugar de una cosa llamada mérito al no sé qué. Propuesto por la fracción panista, el gimnasta fue la carta fuerte para contrarrestar al gran favorito: don Milton, el ex gobernador priista. Días más tarde, los mismos medios que informaron su quinto lugar en Londres, publicaron el resultado: “Niega congreso medalla a Corral”, finalista olímpico en uno de los seis aparatos de los que consta la gimnasia varonil, derrotado de manera unánime en este caso por el finado político. La final del futbol en Londres se jugó un día después de esa votación. El “Chatón” y Herrera a salvo del lodazal político, apenas por una semana. Por eso, la suerte referida en la primera línea de este texto.