Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Incendios normativos

Primer escrito del día:

Si los señalamientos fueran puñetazos, el líder estaría en calidad de agónico, en estado comatoso. Calificativos como irrespetuoso, autoritario, prepotente, informal, ilógico e ilegal, nada más para abrir boca. La metralla baja un poco en los siguientes párrafos: sólo ignorante de las leyes y desmemoriado. Desde Maneadero la misiva inflamada, caliente al tacto, finaliza exigiéndole honestidad. Cada línea de las tantas que conforman el texto expide indignación, rencor, decepción. El destinatario de los cinco puntos que lo integran es uno, sólo uno, él, el presidente estatal del beisbol federado (y normativo, claro está). Cada letra tecleada parece hacer blanco en él, en su manera de tomar decisiones, de dirigir. Los firmantes: presidente, secretario y tesorero de la agraviada Liga Rural de Maneadero.

Segundo escrito del día:

El líder contraataca. Está ofendido. Tal vez no sea el término correcto: está ofendidísimo. Dos peloteros de trayectoria notable, ahora managers y formadores de talentos juveniles, gente tan querida como exitosa en el beisbol del estado, han sido expulsados por él de toda actividad federada (y normativa, claro está). Y es que osaron dirigir a una selección mexicana de beisbolistas jóvenes convocada por el organismo que los desafió tanto a él como al mismísimo teniente coronel don Alonso, jefe del beisbol federado (y normativo, claro está). Ambos, los hermanos que unieron esfuerzos y cumplieron con el encargo soñado para cualquiera que practique deporte ya sea dentro del terreno de juego o fuera del mismo: dirigir una selección mexicana en el extranjero, obligados a pedirle perdón, a ofrecer disculpas, a rendírsele de rodillas, por colaborar con esos “vividores del beisbol” y enemigos de todo lo federado (y normativo, claro está).

Tercer escrito del día:

El líder interviene para hacer valer su autoridad (y su normatividad, claro está). Primero exige a las selecciones semifinalistas, las dos de Ensenada, Rural y Municipal, que se respeten gane quien gane el séptimo juego de la serie. Luego llama a todos los demás integrantes de “la familia” del beisbol federado (y normativo, claro está): público, directivos, jugadores, managers, coaches y hasta los “etcéteras” para que se comporten a la altura del espectáculo. Todos, pero aún más los de casa, tienen que poner el ejemplo o hacerse merecedores de una severa sanción impuesta por las más altas esferas del deporte federado (y normativo, claro está). Mínimo, veto al campo local. Su presencia es poco probable, por no decir que descartada para el juego de alto riesgo el domingo entrante en Maneadero. A control remoto, a larga distancia, estará al pendiente de que todo marche dentro de los márgenes de ese ambiente que reina, gracias a él, en el beisbol estatal federado (y normativo, claro está).