LA COLUMNA
La Columna

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Derrumbando muros
Un muro infranqueable, sólido, firme. Imposible pasarle por encima, burlarlo. Codazos, empujones, cabezas asomándose, figuras desesperadas por tomar ventaja de la posición. Una competencia tal que a uno no le queda más que retraerse en busca del contraataque, el contragolpe, la llegada por sorpresa, el desborde, el arte de superar el obstáculo con ingenio. Pero no, es imposible. Cualquier intento por siquiera oponer resistencia, es inútil. Pedir permiso, es demasiado. Ocioso, incluso. El trance en el que se encuentran impide cualquier clase de dialogo, de argumentación, con los intratables guardianes del área asegurada. Todos cumplen con la tarea para la que se han adelantado sin el menor asomo de prisa y sin la menor intención de romper con la fortaleza instalada cual sistema defensivo a la italiana. El catenaccio más puro sería la analogía más apegada a la realidad, si de defender un arco de futbol se tratara. La cancha sobre la que sucede lo antes narrado no importa. Lo mismo pasa independientemente del lugar. La misma resistencia. La misma meticulosidad. La trascendencia de lo recién disputado ahí detona el régimen de disciplina, la escena imposible de ver en primer plano por las aglomeraciones que provocan esos seres celosos, encargados de resguardar su ubicación. El muro tampoco es exclusivo en términos de género. Hombres y mujeres, puntualmente colocados como una unidad, un todo, una barrera impasable que rebota todo cuanto intenta superarla, sin éxito, claro está. Pero todo tiene un límite y llega el momento de deshacer esa muralla. Gajes del oficio. Es en ese momento cuando alguien tiene que desempeñar el rol de aguafiestas. Y entonces no hay más que alzar la voz para soltar un grito certero que logre lo que hasta momentos antes parecía imposible a través de “por favores” y “con permisos”: “señores, padres de familia: ¡foto para la prensa!, ¿nos dejan?”. Hasta entonces se desgaja el conglomerado. Cuando eso sucede aparece el equipo campeón de una de las categorías de la liga infantil. Clik para la imagen informativa, ya con el bloque diseminado en busca de la foto individual de cada jugador con el trofeo recién ganado minutos antes durante la final. Misión cumplida. Ni cómo recriminar las actitudes de los padres convertidos en custodios después de verlos disfrutar la emoción de tener un hijo campeón y su lucha por conservar el testimonio gráfico del hecho que enaltecerá el álbum familiar. Finalizado el proceso, aún queda trabajo por hacer. Es momento de preparar la garganta para espetar nuevamente la expresión escandalosa que abrirá la columna formada por el otro grupo de orgullosos papás, ubicada a un costado de la anterior. También los integrantes del equipo sub campeón merecen foto.




