LA COLUMNA
La Columna

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Rugidos del alma
No pude creerlo cuando me dijo que era el primer homenaje que le rendirían sobre el maltrecho terreno de juego que pocos conocen mejor que él. Me fue imposible comprender que ese hombre, cuyo buen humor le da vida a cada jornada dominical, jamás hubiera sido recompensado por la gente con la que ha vivido todos los fines de semana por tantos años. Por esos días en los que surgió la noticia lo encontré ocupado en hacer un trabajo que no le correspondía pero que hacía con el placer de quien tiene bien grabados en el alma (donde quedan grabados los amores que uno encuentra en la vida) los colores de una liga deportiva: llamaba a algunos patrocinadores y jugadores para que no emigraran, para que participaran en el nuevo torneo, el torneo que, recién se había decidido, llevaría su nombre. Días después lo encontré, con su eterna sonrisa custodiada por el característico gran bigote, cuestionando lo que él calificó como una falta de lealtad de los titulares de un equipo que desertó después de haber sido contemplado para defender el trofeo que, al final del ciclo, llevará grabado su nombre. A final de cuentas su trabajo desinteresado funcionó y los titulares de otro de los equipos –el más exitoso de los últimos tiempos– recapacitaron y, gracias a su gestión de mediador, decidieron quedarse a disputar el campeonato. Luego él mismo me mandó su impresionante historial como jugador y manager siempre donde mismo, en ese maltrecho terreno de juego que ha sido escenario de los grandes momentos de su trayectoria. Y el torneo empezó. Las primeras jornadas fueron desarrolladas con la indiferencia que la afición le dedica a cada inicio de cualquier competencia. En espera de noticias sobre la ceremonia inaugural, nuevamente lo encontré por la calle. Su semblante, en esa ocasión, era otro. No vi al hombre feliz de siempre. Le pregunté algo sobre la ceremonia inaugural del torneo (su torneo), pero la charla cambió de giro radicalmente cuando me contó las idas y vueltas, los desvelos vividos por un problema de salud de su esposa. Entonces sus ojos se aguaron, su voz se quebró. Entendí que hasta los hombres que siempre sonríen experimentan ese tipo de reacciones cuando se expresan de la mujer que llevan bien grabada en el alma (donde quedan grabados los amores que uno encuentra en la vida). Cerró esa charla rápida, transcurrida en un alto de la calle sexta y Guadalupe, con la tranquilidad de quien ha superado un trance de esa magnitud junto a su compañera de vida. De aquello han pasado algunos meses. El torneo transcurre y la ceremonia inaugural aún no ha sido programada. Lo menos que se podría pedir es que los integrantes de la directiva, conociendo los amores que el homenajeado lleva bien grabados en el alma y en correspondencia a su fidelidad, hayan esperado el tiempo justo para organizar una gran ceremonia inaugural que formalice, como él lo merece, el inicio del torneo de la Liga Municipal de Beisbol: Raúl “Puma” Peña.



