Apuntes perdidos

Apuntes perdidos









Marco Antonio Domínguez

 

Ni masajes ni casa ni auto

Encuentro de todo. Autos en buen estado. Pero no busco auto. Masajes económicos, al dos por uno, en oferta, anti estrés, especializados, chicas de medidas perfectas o de acuerdo al gusto del solicitante, sinaloenses o locales, agradables y complacientes, morenas y rubias, estudiantes recién llegadas a la ciudad o maduritas capaces de relajar hasta al más estresado, según sea el requerimiento. Pero no, no busco ese tipo de compañía. En mi búsqueda encuentro departamentos amueblados muy económicos en zona céntrica, casas de cuatro recámaras con patio y hasta modestos cuartos rentados por semana o por mes. Pero no, tampoco busco techo. Al avanzar aparecen las especiales del supermercado. No es precisamente fecha para abastecer la alacena, así que me doy por vencido. Acudí a la sección deportiva de El Mexicano en Ensenada buscando información deportiva. He fracasado en mi intento.

Intuición

Édgar y Cruz Iván tienen imagen de tipos serios, decentes. Édgar, más que Cruz Iván, habla con seguridad de cada asunto relacionado con la carrera atlética de la UABC. Los titulares de la Escuela de Deportes encabezan una rueda de prensa demasiado formal, hasta tensa, diferente a las de antes. Sin el “Bule”, el “Puma”, el “Tarzán”, el desaparecido “Compa”, Pedro César, el doc José Ramón, la maestra Aída, el tocayo Fregoso y un montón de gente que antes estaba y ahora no está, siento que algo está pasando al interior de la escuela dirigida por esos dos señores que parecen decentes, serios. En realidad, lo ignoro. Sólo lo intuyo.

El guillotinador

Cortó cabezas, despotricó, etiquetó a “la gente negativa” que atenta contra “lo legal y lo jurídico”. Freddy presumió ser el mejor directivo de aquí y de allá y de todos lados, el más exitoso, el más “apegado a la normatividad” y “a derecho”. Eso fue el sábado, hace menos de una semana, pero no quedó satisfecho. Unos días después afiló nuevamente la guillotina y la dejó caer sobre uno más, sobre cualquiera que satisfaga su antojo de ponerse el traje de juez implacable para decidir quién debe ser echado del sacrosanto beisbol federado. Eso de cortar cabezas y haber perdido la propia bien podría emplearse como sinónimo.

Hombre de fe

Primero prometió que vendrían después de ganar el campeonato, en diciembre. Más tarde que siempre no, que hasta enero, cuando estuvieran todos después de las vacaciones. Luego tampoco porque primero irían a Mexicali, pero, en cuanto cumplieran con ese compromiso, directito para acá, a más tardar a mediados de febrero, como se lo prometieron sus amigos. Ya estamos en marzo y el alcalde Pelayo no pierde la fe en que los Xolos desfilen por Ensenada con todos sus titulares cuando acabe el torneo mexicano o la Libertadores o los dos, para que “la gente conviva con ellos”. Al cabo, él los ve cada quincena y hasta a media semana, en palco de lujo y de cerquita.