Apuntes perdidos

Apuntes perdidos









Por Marco Antonio Domínguez

Chamacos irrespetuosos

Era uno de esos chamacos tremendos que abundan en cualquier escuela primaria. Destacaba del resto por su chispa, su ingenio: el infaltable vivo de cada grupo integrado por chiquillos entre los diez y los doce. Todos reían cuando el pequeño sujeto, cuya baja estatura contrastaba con su dominio de la escena, abría la boca y soltaba alguna ocurrencia acompañada por un vistazo al lugar donde “los invitados de honor” premiaban a los mejores equipos de las ligas deportivas escolares. No pude evitarlo. Para salir de dudas y descubrir el origen de las carcajadas irreverentes surgidas del otro costado del lugar, crucé las canchas de basquetbol del Sullivan y llegué hasta el equipo de pre púberes bulliciosos, entretenidos por el más vivaz de ellos, que decía, burlón, mientras dirigía su mirada hacia el presidente municipal de Ensenada: “El Pelayo, el Pelayo”.

En penumbras

De las seis en adelante, por lo pronto, hay que andar a tientas. Bajo propio riesgo. La instalación está en tan pésimo estado que bien podría ser incluida dentro del programa de bacheo a cargo del municipio. Y lo peor, no hay alumbrado. Eso sí, antes de ingresar a ese campo minado para convertirse en una sombra más entre la penumbra, hay que cumplir con la solicitud de rigor dirigida a los intrépidos usuarios de la pista atlética de Ciudad Deportiva: “favor de pasar a pagar su cooperación a la taquilla”.

El editor de Tijuana

Ángel es editor. Hasta hace un año no lo conocía. Sólo había oído comentarios elogiosos de él, sobre todo a través de Ángel, su hijo, el reportero de Frontera. Ya luego, con el trato, confirmé lo que me habían contado: Ángel es uno de los periodistas deportivos más documentados de Tijuana y por consecuencia de todo el estado. Ángel es un reportero de los de antes. Con oficio, olfato, con la vocación que no se compra ni portando un gafete como fan acreditado con acceso directo a los eventos deportivos por obra y gracia de algún amigo y no necesariamente de una trayectoria. Ángel no es de esos que llegan al medio por alguna moda y luego se van a donde los lleve la quincena. A media semana me informaron: Ángel González ya no es editor del Esto en Tijuana. Nada más se quedó en El Sol de Tijuana. Desconozco los motivos por los que Ángel ya no es editor del Esto ni quién ha quedado en su lugar. Lo cierto es que la sección deportiva de El Sol de Tijuana sigue en buenas manos.

En los tiempos del internet

Uno se hacía llamar “sicario”. Era al que más recuerdo por envalentonado y juzgón. Su ingreso a las columnas que escribía en El Vigía era sistemático y violento. Era obvio que no le caía bien y así me lo hacía saber de modo visceral. Tema que tratara, tema que a “sicario” le irritaba. Por fortuna ya no escribo en ese periódico ni en ningún lugar donde cualquier tonto desahogue sus frustraciones, escondido detrás de un monitor y soliviantado por la seguridad que da el anonimato.