APUNTES PERDIDOS
Apuntes perdidos

Por Marco Antonio Domínguez
Remedio futbolero
Ni un trago de saliva todavía por la mañana. Mucho menos alimento. Cualquier tránsito por esa área detona el lagrimeo y una tos persistente, molesta. La garganta está en calidad de desastre. El ánimo también. Es miércoles y hay trabajo. Por fortuna, fiebre no hay, lo que ya es ganancia. Segundo día de tratamiento. Miro la agenda y empiezo por cumplir con la tarea que tengo encomendada a pesar del estado ruinoso de mi salud. Uno de los protagonistas del evento estelar de este miércoles exige estudio. Forma de juego, antecedentes, figuras. Aparecen dos nombres conocidos para cualquiera que admire el buen futbol y a los buenos jugadores de futbol. El brasileño Alexandre Pato y el peruano Paolo Guerrero. El ex Milan y el ex Bayern Munich. Cumplo con la tarea. Viajo al estadio de Xolos y ya me siento mejor. Creo que el antibiótico ha empezado a surtir efecto. También lo ha hecho el efecto Corinthians.
La voz del Palacios
No es una voz potente. Tampoco virtuosa. Es una voz beisbolera. O tal vez ni siquiera eso. Quizá es sólo una voz común y corriente, que a fuerza empeño se adueño del espacio y las estructuras y la tierra y el pasto sintético y hasta la misma pizarra. Esa voz se arraigó en cada rincón, en cada espacio del lugar. Nasal y reiterativa cada vez que mencionaba el nombre del jugador y luego su apellido dos veces a modo de reafirmación. Así sonaba la voz informativa durante las jornadas de la Liga Municipal de Beisbol de Ensenada. Ahora son momentos difíciles para Manuel del Cid, el Meño, ese hombre que a pesar de las dificultades hasta para caminar no faltaba a un solo juego para imprimir su estilo, su personalidad frente al micrófono, después de bajar a duras penas por las escaleras. Tengo la certeza de que por eso el deportivo Antonio Palacios ha callado, ha enmudecido. Se ha quedado sin voz. Sin su voz.
Ruego
No soporto al Madrid. Es más, odio al Madrid. Pero no puedo cegarme al grado de escatimar elogios a la grandeza histórica del Madrid, una vez más demostrada este martes en el mismísimo Old Trafford, la casa mancillada del Manchester United. También reconozco a Mou y a Cristiano y a todos los símbolos actuales del equipo al que no sólo no soporto sino que odio. Me repito esto una y otra vez y las veces que sean necesarias. Líbreme quien tenga que librarme de ser como esa especie que en algún momento de ceguera iracunda se atreve a balbucear que lo ganado por el Barcelona ha sido gracias a la ayuda de los árbitros y a la suerte y jugando un futbol aburrido. Líbreme, por piedad, quien tenga que librarme, de ser como ellos: algunos aficionados del Madrid.



