APUNTES PERDIDOS
Apuntes perdidos

Por Marco Antonio Domínguez
Epitafio. Algún día será leída la gloriosa trayectoria del gran pitcher bajacaliforniano, aquel que brilló en Grandes Ligas, el de las 21 victorias y el que coqueteó con el premio máximo al que aspira lanzador alguno: el Cy Young. Después de omitir algunos datos personales que lo han hecho una celebridad a los ojos de cualquiera, el epitafio a la gloriosa trayectoria del gran pitcher bajacaliforniano dirá que el final de sus días sobre los montículos llegó en una liga regional, de desarrollo, en un modesto equipo de Ensenada, llamado Marineros, el último donde Esteban Loaiza intentó resucitar las tardes de gloria que no volvieron jamás. El ocaso antecediendo al punto final.
Misma dosis. La primera pelea puede verse por Youtube. En el sexto round llegó el final. De dominante a noqueado. Así se resumiría la derrota de Mario “Rocky” Meraz a manos de Francisco “Kikín” Ríos, hace dos años en San Felipe. Transcurrido ese tiempo, llegó el momento de la revancha. La sede: Ensenada, tierra del “Rocky”. El inicio: prometedor. El “Kikín”, tres kilos por encima del peso, vapuleado durante el primer round ante un gimnasio municipal enloquecido. La campana no sólo salvó al mexicalense del nocaut; también lo despertó. A partir del segundo round la astucia pudo más que las facultades técnicas, y una izquierda al mentón sentó al “Rocky”. Lo que siguió desde ese momento y hasta el cuarto round fue cuestión de esperar el desenlace. Nocaut contundente, dramático, aún más que el de hace dos años, en San Felipe. En Ensenada, el final fue el mismo. Nocaut y revancha frustrada como punto final.
Adiós. Las notas discrepan una de la otra. La historia presenta distintos escenarios, según el diario que se compre. Así es la nota policiaca. Varía de acuerdo a la certeza con que el hecho sea descrito por aquellas personas pomposamente llamadas contactos o testigos de los hechos. Lo concreto es que la víctima era un hombre querido. Las redes sociales sirven, más que nada, para medir la cantidad de personas que lamentan la pérdida de una vida. Otro hecho concreto y consumado, más allá de las diferencias entre las crónicas de su fallecimiento, es que Luis Acosta llevaba el deporte en la sangre: portero reconocido en el futbol, además de beisbolista y softbolista. Pero la mayor certeza que cabe en el caso es que este hombre no merecía morir así: afuera de un bar y reconocido por la comunidad de Ensenada a través de una nota roja desplegada a ocho columnas. Hay que sacar al “Chino” de ahí y trasladarlo a la sección deportiva, donde tantas veces fueron relatadas sus atajadas salvadoras y sus batazos oportunos. Un homenaje como punto final.



