APUNTES PERDIDOS

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Materiales y finales
No podría hablarle de usted porque es de mi edad. También me he atribuido una especie de licencia para el tuteo porque lo conozco desde hace tiempo. Tal vez quienes no lo conozcan o no sean de su edad –nuestra edad—se dirigirán a él con el respeto que además conlleva ver al dueño del negocio al fondo de la instalación a la que uno acude en busca de satisfacer cualquiera que sea la necesidad, con el solemne: Usted. Aquella mañana, había que cambiar las llaves del lavamanos en casa. Y la tienda de materiales más cercana a casa es de su propiedad. Hasta ahí llegué para encontrar de inmediato lo que buscaba. La tienda está bien surtida, así que cuando lo saludé ya llevaba conmigo las llaves que hasta la fecha siguen instaladas sin necesidad de hacer válida la garantía por posibles defectos de fabricación. No es que pretenda hacer un comercial ni promover su empresa con algún otro interés. Lo mío es una simple recomendación. Tome nota, por si las dudas. El anuncio dice: Materiales Mimí. Pero volvamos a su propietario. Esa última vez que lo vi ahí, justo se encontraba detrás de un escritorio, seguramente haciendo números como buen administrador al cuidado del negocio familiar. Se trata de un hombre dispuesto a la charla. Y vaya que tiene tanto por contar. Esa vez, ya tranquilo por haber hallado a buen precio el artículo que me urgía para permitir el flujo potente de la llave a la hora de la afeitada o la cepillada de dientes o el lavado de manos, aproveché para preguntarle por su viaje más reciente. Todo terminó de manera prematura, lamentó entonces: Una lesión. Se encontraba en una de esas etapas que a todos nos tocan. Descanso obligado para recuperarse y regresar a comerse el mundo. Eso me dijo y eso comprobé un año después de dicha conversación. Y ustedes se preguntarán: ¿cómo puede lesionarse durante un viaje el administrador de un negocio familiar y qué tanto tendría por contar un señor que trabaja ajustando números para pagar nóminas, cotizar materiales y todo lo que enfrenta a diario, presente o a la distancia, como especialista en la venta de materiales para la construcción? La respuesta es sencilla. Cualquiera que haya visto televisión durante las últimas tres semanas podrá entenderlo. Más si siguió el basquetbol olímpico. Y aún más si siguió los siete juegos que él arbitró, algunos en instancias de eliminación directa como España contra Francia, Estados Unidos contra España y la final olímpica desde Río de Janeiro entre Estados Unidos y Serbia. Ese ha sido el último viaje de José antes regresar ahí, al negocio de la Delante, el de los Reyes Ronfini, justo en el lugar donde por las tardes se instala como vecino un puesto de hamburguesas y hot-dogs, frente a Tortillería La Palma. No hay pierde para quien ha paseado alguna vez por Ensenada. Y ya si anda por acá y quiere saludarlo, pase, voltee al fondo de la instalación, búsquelo. Detrás del escritorio encontrará a un tres veces olímpico. Corrijo sin borrar: Detrás del escritorio encontrará a un tres veces finalista olímpico. Algo así como un triple medallista de oro olímpico, si es que los árbitros recibieran medalla. Y si atiende mi sugerencia, felicítelo, o cuéntele lo que quiera. Háblele con el solemne usted, como lo merece todo aquel que ha logrado ser el mejor del mundo en su especialidad. O háblele de tú, como se le habla al vecino que tenemos a la vuelta de la esquina, al hombre que tal vez hemos visto un montón de veces por la calle sin reparar en su trascendencia. De usted o de tú. Qué importa. Sólo háblele.





