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Por Fernando Ribeiro Cham

Doble desgracia

Llevo días queriendo escribir y no lo he logrado. Unas cuantas líneas y borro. Unas cuentas líneas y queda de nueva cuenta en blanco. En los últimos meses me he sentido con la libertad de escribir, de hacerlo solo cuando considero que el producto de teclear me satisface.

Son las 8:30 de la noche y tengo un ojo en el libro que narra la primera temporada de Pep Guardiola en el Bayern y el otro en el noticiero de Carlos Puig.

En los últimos días nada ha absorbido mi atención como para plasmarlo en esta colaboración. De pronto un inicio a las noticias de Facebook y el post de Plex, medio de Ricardo Meza, nos notifica de un atropellamiento de un menor sobre la reforma. Un tractocamión arrolló a un grupo de menores de edad que andaban en bicicletas y el cuerpo de uno de ellos ha quedado cubierto por una sábana.

La ciudad con baches, obscura, insegura. La ciudad en la que no existe ninguna garantía para el usuario de la bicicleta, ni para el que lo hace como medio para transportarse o quien como seguramente usted o yo lo hicimos de niños, solo era por gusto.

La nota me ha impactado y he logrado escribir cuatro párrafos en los que la única referencia al deporte, en una columna que trata sobre esta asignatura, es el libro que he dejado de lado, justo en el momento de la primera derrota oficial de Guardiola ante el Dortmund, que en aquel momento tenía a Klopp en el banquillo.

He escrito sobre las ciclovías, sobre la necesidad de ellas y sobre el desinterés que las administraciones han tenido, pensando en que un par de líneas, erróneamente pintadas y sin seguimiento, nos vuelven, perdón, corrijo, nos acercan a una metrópoli avanzada, al Copenhague de las infografías que circulan en redes sociales.

Pobre Beatriz Watanabe, pobres impulsores de la movilidad urbana. Millones gestionados y millones esfumados. Un tesorero premiado como el mejor del país y un alcalde que de inicio, contó con decenas de miles de simpatías. Uno acusa al otro. El otro no es localizable.

Las líneas no perdonan el paso del tiempo. A la autoridad le importa menos que nada el tema de la ciclovía.

Las del boulevard son ignoradas por autos y peatones, por arcos que, irónicamente, anuncian un paseo ciclista. Los arbustos hacen mella en las de la Pedro Loyola. El desinterés primero y luego el tiempo, acaban diligentemente con lo que queda del espacio para los usuarios de la bicicleta y los ciclistas.

La bici, pese a los esfuerzos de muchos de sus defensores, se ha vuelto un peligro.

En dónde están los millones de pesos que eran para la ciclovía. Quién es el responsable de su desaparición. Dónde quedó el compromiso por retomar el proyecto. Por qué no hay seguridad para el usuario de la bicicleta.

Hago una pausa en el escrito. Luego imagino el luto de la familia. Las dos desgracias. Una irreparable, producto de la falta de responsabilidad y la otra lamentable, producto del desinterés y por qué no decirlo tal cual, la corrupción de los magos del presupuesto.

*El autor es Licenciado en Actividad Física y Deporte por la UABC. Fue responsable de deporte asociado en el Instituto del Deporte de Baja California. En la actualidad encabeza la coordinación de educación física en el Sistema Educativo Estatal. También preside el consejo directivo del Salón de la Fama del Deporte de Ensenada.







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