DIARIO HASTA LA FINAL (Día 2)

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Sus goles perjudican mi salud
Es una sensación de malestar que he tratado de erradicar. No resulta saludable fastidiarse contumazmente frente a un triunfador. Pero es así. Lo admito. Intento controlar mis filias y fobias de manera que éstas no afecten mi estado de ánimo. Fracaso total si en la escena está por aparecer el héroe de este segundo día de mundial ruso. Me pasó cuando lo vi suspenderse en el aire para conectar una chilena más efectiva que estética en una fase definitiva de Champions. Y mejor ni les cuento cada vez que levanta una copa o festeja un gol. Hoy tenía la esperanza de relatar una historia cuya estructura tuviera como punto de partida su aportación indiscutible pero estéril. Incluso ya tenía un primer esbozo: hace el primer gol de penal, dudoso por cierto, y luego el portero rival ayuda a que su disparo, sin peligro alguno, finalmente acabe dentro: dos goles que de nada sirven porque España reacciona y le da vuelta al marcador para poner las cosas en su lugar. Algo así como la colectividad derrota al individuo. Y entonces él, otra vez él, apareciendo para echármelo todo a perder con ese zapatazo brutal que libra la barrera para que el infortunado De Gea sea mero espectador de su golazo al penúltimo minuto de juego y también de su festejo en una de las esquinas hasta donde llegan sus subalternos a venerarlo. Tres a tres con tres de él. ¿Podía escribir de otra cosa? Imposible. Ni modo que a alguien le interesara una disertación sobre el cabezazo letal de Giménez, el uruguayo made in Atlético de Madrid by Cholo Simeone, que dejó sin puntos al Egipto del argentino más italiano (o más catenaccio), Cúper, que, sin Salah, a punto estuvo de salir airoso. Mucho menos cualquiera de ustedes habría llegado hasta este punto del texto si el relato lo hubiera dedicado al triunfo de Irán en el quinto minuto de tiempo agregado sobre Marruecos, y, como si eso no fuese suficiente, con gol en propia portería. No, tenía la obligación de abordar el tema del que todos hablan, es decir, echar sal a la herida, redundar en el tema que todos analizan y del cual no puedo sustraerme: Cristiano Ronaldo es un fuera de serie. Afortunadamente, la pasión por el futbol ha subsistido en gran parte por las antítesis, personajes tan distintamente talentosos que se encuentran en las antípodas. Y así se comulga con uno y se discrepa con el otro. Tres ejemplos: sin Menotti no hay Bilardo, sin Maradona no hay Pelé y sin Guardiola no hay Mourinho. Por suerte, mañana debuta Argentina. Alíviame, Leo.
*El autor es colaborador de AGP Deportes.



