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Por Fernando Ribeiro Cham

Apocalipsis 3:16

«Cuando algo me gusta lo pondero, y cuando algo me parece que está mal lo señalo. Creo que esa es la verdadera función del periodista. No estamos acá para ser amigos, estamos para hacer periodismo»

  • Martín Liberman

Frío o caliente, nunca tibio. Siempre he vivido con la expectativa propia, con el gusto propio, con la conciencia propia. Algunos pensarán que cuando se escribe se piensa en llegar a miles, tener los likes o que el escrito sea del gusto del analítico lector.

A mí me da igual que me lean 10 o que me lean 1,000. El portal invita a la redacción, uno lo hace y cuando el portal o yo decidamos que es tiempo de finalizar, tan tan, a lo que sigue.

Ayer existieron dos sentimientos, el de la victoria de la selección mexicana de futbol, que ojo, para mí ninguna selección puede representar lo que es un país, como tampoco lo representaron los imbéciles que confundiendo el plano deportivo con el geográfico, quemaron la bandera de los teutones, no entendiendo que se agravia más a la falta de educación y respeto de uno mismo, que a la sociedad alemana. El otro sentimiento y que tardó años en aparecer, era esa lucha – que algunos quieren ver – entre el orgullo azteca y la suposición de ese malinchismo destinado a “vanagloriarse” de los fracasos, mucho mayores en proporción que los éxitos, de ese equipo de once que ayer dio un partido extraordinario.

En la cabeza de alguien que es todo – gracias al mestizaje – menos descendiente de Cuauhtémoc, no cabe la posibilidad de que el otro guste del deporte como una actividad que se puede desmenuzar, una en la que el análisis crítico pueda darse.

Ayer durante algunas horas, como puede darse si se pasa al quinto partido, los que viven en el término medio de las cosas, en el gris de los colores, en el centro entre la ausencia y la presencia, desahogaron el grito que la selección impidió torneo tras torneo. “Ya ves, pinche malinchista”. “Órale, para los ojetes que no creían”.

Bienvenidos al país del encono, en el que unos esperan el quinto partido y otros la eliminación en fase de grupos o en la ronda siguiente, tan solo para decirle al otro, “te lo dije, pendejo”.

Aquí cabemos todos, porque el nivel de discusión ha quedado reducido a un meme. El que ha cerrado los ojos ante la injusticia, infla el pecho y sale desde la cuevita, ese refugio que brinda comodidad, donde la posibilidad de pérdida se reduce guardando silencio. Quien escribe debe de entender algo y es que lo público, por obviedad, expone y que mientras uno llega a varias cabezas, del otro lado, varias cabezas siempre llegan a un solo punto.

Escribir, cuando no se busca la exaltación ni la aprobación, créanme, ayuda a la tolerancia. Difícil debe ser para aquel que escribe desde la búsqueda del agradecimiento o el que ensalce su redacción, contar con negativo alguno.

Queda mucho mundial, queda muchísimo más deporte. Lea lo que le guste y si el estómago se lo permite, lea también lo que le cause disgusto. Discrepe, contraste, debata, haga lo que le plazca. Yo…yo seguiré haciendo lo propio.

*El autor es Licenciado en Actividad Física y Deporte por la UABC. Fue responsable de deporte asociado en el Instituto del Deporte de Baja California. En la actualidad encabeza la coordinación de educación física en el Sistema Educativo Estatal. También preside el consejo directivo del Salón de la Fama del Deporte de Ensenada.







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