DIARIO HASTA LA FINAL (Día 25)

Por Marco Antonio Domínguez Niebla
Y entonces Maradona…
Al paso de los años, las distancias reales discrepan del recuerdo. La casa enorme de los abuelos, transcurridas un par de décadas, parece haberse encogido. Igual con los patios de la primaria o la secundaria, los salones de clase, la explanada, la cancha de juego, todo empequeñecido frente a la añoranza. Trampas de la memoria. Algo así me ha dado pasado hoy que leo la nómina de Bélgica en aquel, hasta hoy su mejor mundial, fincado con pocos nombres célebres e indelebles en la memoria más de tres décadas después. Pero ahí estaba Jean-Marie Pfaff su portero, uno de los mejores del mundo entonces, por el 86, el estandarte de esa gran selección. Melena ensortijada, dorada, uniforme Adidas en tono azul-cielo, o uno segundo en amarillo. Hugo y Quirarte le hicieron los goles en al triunfal presentación mexicana que prometía lo de siempre y quedó corta, también como siempre, aun en casa. Después de esa derrota con la selección anfitriona, Bélgica a los tumbos llegó hasta la segunda ronda como tercero de grupo (victoria sobre Irak y empate con Paraguay) y luego pasó los octavos de final sobre los soviéticos (gracias Wikipedia por restablecer servicios para completar este diario mundialista y dominical), para entonces consumar la hazaña de echar en penales a la España de Butragueño en el Cuauhtémoc de Puebla pintado de furia y tocado por la tragedia esa tarde (gracias a lo que queda de memoria). Ya para entonces el segundo mundial mexicano tenía a su revelación. Siguiente escala en el majestuoso Azteca. Y ahí, siguiente sinodal en ruta a la final, Argentina. Como ya eran suficientes hazañas, Diego puso las cosas en orden. Dos pinceladas y el gran Jean-Marie tendido en el césped viendo al gran 10 albiceleste en carrera rumbo al festejo y rumbo a la gran final. Para despedirse, en ese juego que se juega sin nada en juego, un 2-4 en contra ante Francia (vaya vueltas que da la vida) para colocarle en el cuarto lugar, mínimo lo que el heredero del arco tan bien custodiado cuando México 86, Courtois, junto a la mejor generación de futbolistas de su historia (Hazard, Lukaku, Mertens, De Bruyne y tantos nombres célebres al menos en el corto plazo) pueden conseguir en Rusia luego de 32 años. Todo dependerá de que Mbappe no se convierta en Diego ni Francia en Argentina. Los juicios se hacen hasta el final. Y ya le llegará el turno de ubicar en su real dimensión a la actual Bélgica del español Martínez como se ha hecho con aquella semifinalista digna y solidaria de mediados de los ochenta. Para eso está la historia. También la memoria. Y Wikipedia.
*El autor es colaborador de AGP Deportes.



