El vía crucis de Blas, el paraguayo despedido del Atlético Ensenada

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“Déjame que te ayude en algo, si quieres te lavo los carros, sería tu guardaespaldas, pero devuélveme a mi país”.

En ese tono fue la última súplica de Blas Aguayo a Antonio García Rojas.

Un par de meses atrás, el presidente del Atlético Ensenada había convencido al futbolista paraguayo de reactivar su carrera en el equipo de la nueva Liga de Balompié Mexicano después de dos años de retiro. La intención inicial era que el hasta entonces ex futbolista administrara academias del Atlético Ensenada en su natal Paraguay y Perú, donde radica junto a su esposa.

“Un día me llamó y me dijo que era parte del plantel principal (como jugador) y que estaba contratado por dos años y salario de 60 mil pesos mensuales, sujeto a revisión de acuerdo a mi rendimiento”, relató.

Pero a un par de semanas de haber firmado un vínculo contractual y de iniciar prácticas rumbo a la temporada que inicia el 16 de octubre, el mismo directivo que lo invitó a México, le anunciaba su baja sin intención de costear el traslado a Sudamérica.

“Vengo de dos años sin jugar y sabían que necesitaba dos meses para recuperar mi rendimiento porque vengo de un lugar con más de dos mil metros de altura. Pero no me fueron de frente el presidente y el técnico (Carlos Torres Garcés), y un integrante del cuerpo técnico fue quien me avisó el martes por la tarde que no iba más”, refirió.

Incluso, tuvo que aceptar una rebaja del salario inicial ofrecido, 60 mil pesos mensuales, a mil 500 dólares, con el compromiso de recuperar el acuerdo de origen al recuperar su nivel de juego.

Sin embargo, y aun cuando se le prometió que habría paciencia en su proceso de adaptación, el martes 25 de agosto el directivo le mandó decir que abandonara el hotel, pues ya no lo consideraba por instrucciones del técnico Carlos Torres Garcés.

Enseguida buscó a los referentes del equipo, a quienes García Rojas les reveló que la decisión era suya.

“Le hablé y me dijo que ya había gastado mucho en mí, más de dos mil dólares, y que no había llenado la expectativa. Le pedí que al menos me regresara a la Ciudad de México y me dijo que era la última ayuda que me daba, así que tomé eso y mi esposa me mandó (dinero) para volver (de Ciudad de México a Perú)”.

A punto de abordar el vuelo rumbo a Ecuador como escala a un “viacrucis” que finalizará en más de una semana hasta su destino final que es Huancayo, una población peruana donde radica junto a su esposa, el hoy ex integrante del Atlético Ensenada reveló su intención de demandar al Atlético Ensenada.

“Mi contrato está firmado por ambas partes, así que al botarme me deben pagar el 33 por ciento del salario total por los dos años, alrededor de un millón 400 mil pesos, por lo que son 330 mil pesos con los que me deben de indemnizar, porque no es justo que viniendo de tan lejos al presidente le dé la gana de decir que no voy más”, adelantó.

En ese sentido, argumentó que el contrato que estableció con el Atlético Ensenada le permitió la entrada al país.

“Presenté el contrato que me dieron para que me dejara pasar migración. El paraguayo sí o sí necesita visa, todo eso influyó para que me dieran la estadía de seis meses. Entonces si dicen que ese contrato no tiene validez, todo fue una estafa, y dejaré un apoderado para que siga el caso”, agregó.

En cuanto a la salida del ex seleccionado mexicano Ramón Ramírez, quien renunció por inconformidades con Antonio García, sostuvo que apenas tuvo contacto con él como director deportivo, pues “todo lo que he hecho lo hice con el presidente”.

“Cuando pasó lo de Ramón, y yo con la incertidumbre, pensé que si a él se le había tratado así, qué podía esperar yo”, apuntó.

Blas Aguayo, con 30 años, insistió en que él fue contratado como refuerzo y no como “un chico que sería puesto a prueba”, después de haber jugado Primera División en equipos como 3 de Febrero de Paraguay y The Strongest de Bolivia.

“Atlético Ensenada se hacía llamar el club más estructurado de la liga (de balompié mexicano) y deja mucho que desear. No soy de hablar mal, pero, por su organización y la forma de manejarse, no le recomendaría a los chicos que vengan a aventurarse y pasar momentos tan feos que no le deseo a nadie”, concluyó.







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