Max se va ya, en busca altura, para llegar fuerte contra el campeón del CMB y para regresar con el cinturón

Ensenada, Baja California.- El cinto que posee y al que tendrá que renunciar, parecía ser el tope de su carrera boxística.
Poco más de un año después de aquella última semana de agosto, Max Flores estaba por decidir una nueva propuesta de trabajo, un nuevo desafío todavía más ambicioso que el campeonato de la Organización Internacional de Boxeo (IBO) ganado en Filipinas ante el local Carlo Peñalosa.
El campeón mundial mosca del Consejo Mundial de Boxeo, el mexicano Julio César «Rey» Martínez, necesitaba rival para la segunda defensa de su cinturón y entonces su equipo miró hacia el Club Guzmán en Ensenada.
Platicado todo, aunque aún con las firmas pendientes, Max, junto a su entrenador Rafael Guzmán y tres compañeros de gimnasio: Carlos «Chema» Ocampo, Rafael «Furioso» Guzmán y Erik Robles, ha dado el primer paso: el lunes viaja a Jiquipilco.

La localidad mexiquense se encuentra por encima de los dos mil 600 metros de altura.
Llegan el lunes 21 de septiembre con poco más de un mes para adaptar a esas condiciones a una delegación que reside a nivel del mar.
«La pelea está programada el 23 de octubre en la Ciudad de México y ya nos vamos para adaptarnos a la altura porque está en juego el campeonato más importante de todos, la cima del Everest del boxeo», dijo el púgil de 29 años.
La potencia del campeón defensor y todo lo que conlleva esa posición, colocan al retador por debajo en los pronósticos.
«Vamos contra todo, pero estoy acostumbrado a no ser favorito y hasta me genera un poco de emoción contrarrestar las estadísticas y la opinión de la gente», opinó apenas a momentos de recibir el aval del comisionado de boxeo de Ensenada, Aarón Cota, para salir rumbo a su destino.

En caso de que las prevenciones por COVID-19 persistan hasta entonces, será la primera vez que Max Flores pelee sin afición, en este caso dentro de un foro de TV Azteca, donde está previsto el combate.
«Debe ser diferente que no haya respuesta de la gente, que es lo que prende al boxeador y le pone emoción», consideró, aun cuando priorizó como premisa la adaptación a la altura más allá de factores externos.
Con récord de 24-4-0, el boxeador ensenadense relató no tuvo dudas al momento de aceptar la propuesta.
«Mi sueño era ser campeón mundial, ser el segundo para mi entrenador (Rafael Guzmán, después de Roberto ´Mako´ Leyva) y lo conseguí (IBO), pero cuando nos hablaron de esta oportunidad, supe que es lo más lejos que puedo llegar y no puedo desaprovechar», completó.
En Ensenada, deja a su «tercer pulmón», su hijo, a quien dedica su trabajo sobre el cuadrilátero.
El contrato está por firmarse, pero confía en que todo se concretará cuando se encuentre en el centro del país.



