Fernando-Ribeiro








Por Fernando Ribeiro Cham

Tak tu láak’ yéetel Nib óolal, capitán

La memoria no es lo que recordamos, sino lo que nos recuerda. La memoria es un presente que nunca acaba de pasar”.

  • Octavio Paz

Cuántos recuerdos, el anecdotario se amplió gracias a su presencia, la misma que sin estruendos, pero con enorme calidez, tocaba a todo aquel que le rodeaba. 

Ahora mismo no sé por dónde empezar, pero la memoria, ese abrazo de lo intangible, me lleva al “garaje” de la casa de mis padres, a la pelota de nudillos o el “slider” que la pasión por el deporte, esa que no logra menguar el tiempo, le permitía lanzar. No tengo un pretérito a esa imagen, no recuerdo, quizá por lo prematura de mi edad, los gestos que por remembranzas sé que tuvo para con la familia, antes de que el nuevo milenio iniciara.

La plática siempre fue un descubrimiento vivencial, pues mientras acomodaba sus lentes, con voz serena, te transportaba al gancho de Sal Sánchez, a la vista al cielo de Valenzuela e incluso a la historia musical que tuvo su génesis en los viajes que de Cuba se hicieron a la península de Yucatán.

“A poco te gusta esa música”, escucho decir, mientras la voz potente del rey del bolero ranchero suena ahora a través de spotify y es que en alguna manera, a su manera, había siempre un romanticismo que rodeaba su quehacer diario, el hogar que habitó, la tonada que concluía en una sonrisa.

Sé que usted viene aquí a leer sobre deportes, pero permítame excusarme, ya que quien esto escribe, sobretodo de deporte, se vería incompleto sin el bagaje que entre las hojas de plátano y el achiote, logró en alguna medida, ver más allá del horizonte propio.

No todos los días la bondad hace una pausa en su transitar, aunque queda claro que semilla en terreno fértil, rinde buen fruto. 

Por sus historias, por sus gestos, por su siempre amable presencia, hasta luego y gracias, Capitán.







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