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Por Marco Antonio Domínguez Niebla

Benji no me escucha (por culpa de Pujols)

Apenas alcancé a oírlo decir que si la serie hubiera sido a cuatro de siete, el resultado sería diferente y México se impondría a República Dominicana.

Era el típico chacaleo: un montón de colegas detrás de las cada vez menos comunes cámaras de televisión y los cada vez más comunes celulares frente al entrevistado.

Solo alcé mi teléfono y lo acerqué lo más posible al manager de México en la Serie del Caribe, para tratar de rescatar alguna respuesta.

Benji se notaba ansioso por la única derrota de su equipo en Mexicali, y justo en la final, y justo ante los dirigidos por Albert Pujols, con quien, días atrás, comparó su propia trayectoria como manager y frente a quien se auto proclamó ganador.

Sin escuchar bien a bien lo que dijo, subí el video con algunas de sus declaraciones en torno a la carrera que no llegó y también en torno al único hit conectado por los suyos ante los campeones dominicanos.

La ceremonia de clausura avanzó y de repente un señor ya grande, de cabellera encanecida, tenía para él solo al mismo personaje: el manejador mexicano que va de cinco nada en cuanto a apariciones contra campeonatos del caribe.

Eso, más que una entrevista, era un regaño del timonel al veterano reportero cuyo cubo instalado como distintivo en el micrófono era decorado por el número 66. 

—¿Que por qué no bateamos?, ¿crees que el pitcheo de ellos no tiene mérito?… —cuestionaba el entrevistado al entrevistador.

Ese mismo tono fue sostenido para responderle a otro colega que se sumó junto a mí y otros mas, celular en mano, para la segunda ráfaga de lamentos del ex Grandes Ligas.

—¿Pesó la presencia de Albert Pujols hoy?

—¿Él bateó hoy, Pujols bateó hoy? —pregunta Gil, elevando el tono—. Nosotros no participamos, denle crédito a los jugadores. A ver, 700 jonrones (conectados por Pujols en Grandes Ligas), ¿y cuántos dio hoy? Entonces no hablemos de Albert Pujols. No es faltarle al respeto, pero hay cosas que nomás no van. A ver, ¿cómo pesó Albert en el juego que les ganamos dos por cero?…

Entonces, ante la pausa hecha por el manager de origen tijuanense apenas para aliviar su prisa, trato de intervenir:

—En ese sentido, Benjamín, y sobre el juego de esta noche…

Pero, todavía en trance, me ignora y continúa su arrebatada disertación:

—Imagínate, si así fuera, México nunca ganara a menos que Héctor Espino fuera el manejador… a ver, ¿quién es el mejor boxeador mexicano? —cuestiona y se responde— Julio César Chávez, él estuvo aquí hoy (lanzando la primera bola) y no ganamos…

Nueva pausa, mirando de manera fija al blanco de las justificaciones que lanza como proyectiles más que como respuestas; y cuando vuelvo a insistir, vuelve a ignorarme.

—Benjamín…

Imposible, en esta ocasión ni siquiera voltea.

—A ver, dime, ¿Bruce Bochy fue buen jugador?… ¡¿fue buen jugador?!, porque entonces habría puro salón de la fama de manager y nunca perderían…

Un dirigente de los Charros de Jalisco, el equipo que representó a México en la Serie del Caribe, lo rescata de las arenas movedizas sobre las que se hunde con cada respuesta. Y también me rescata a mí de ser ignorado por tercera vez.

Entonces Benjamín Gil es llamado y corre a recibir su distinción como mejor manager de la Serie del Caribe, mientras el legendario Albert Pujols, abajo de la tarima, espera el turno de subir a levantar el trofeo de la campeona República Dominicana en su debut como manejador.