ISAAC COLUIMNA








Por Fernando Ribeiro Cham

“Se va Del Toro, se va Del Toro, se va el líder. Este biker consumado, agresivo, valiente, a veces un tanto loco. Desatada la maglia rosa, es un huracán el mexicano. Kilómetro, doscientos metros, la arrancada es vital, qué bueno, qué bueno que viniste campeón, qué bueno que apareciste de nuevo, mexicano, la gran sensación va a conseguir la etapa, porque le está sacando más tiempo a Carapaz. Qué final tan portentoso del mexicano. Le quedan 400 metros. Vamos, vamos México. Isaac del Toro, mira convencido hacia atrás. Viene México con todo, viene el rosa imperial, viene Del Toro a darle una cornada importante a la carrera. Revivido, resucitado, apoteósico el manito. Qué victoria de etapa. Formidable.”
Javier Ares, cronista del ciclismo

La música que en mi negocio suele estar a tope desde las 5:30 de la mañana, cambió su sonido. No se escuchaba a Shakira, Maná, Daft Punk o algún reguetonero actual, de esos que les gustan a los más jóvenes hoy. No, lo que se escuchaba en la bocina era que el campeón olímpico ecuatoriano, Richard Carapaz, hacía un ataque en pleno ascenso en la etapa 17 del Giro de Italia, que incluyó una descomunal subida de más de mil metros de altimetría en tan solo tres kilómetros, una pared vertical, a la que había que sumarle los más de cuatro mil metros de ascenso de la etapa anterior, la mitad del Everest. Después todos reunidos entorno a mi celular. Del Toro fue recortando y el tiempo que lo separaba con Carapaz y con los punteros, disminuía de forma intrépida en los últimos 35 kilómetros. Vino el ataque final. Imponente y a la vez con un temple relajado de quien sabe que puede responder.

Para el último kilómetro y medio, todos habíamos dejado por un momento lo que hacíamos y apretábamos manos y dientes, todos, porque eso tiene el deporte, la ilusión de que el logro ajeno es propio, que en los colores de uno se identifica el tercero también.

De dónde es ese joven del que tanto se ha hablado en medios estadounidenses, europeos o sudamericanos. ¿Acaso es un sitio montañoso con la altitud suficiente, como Bogotá o el Carchi? ¿Es una ciudad con la cultura del uso de la bicicleta como Copenague o Amberes? Nada de eso. Ese joven, el de rosa, el que contesta con un aplomo y madurez que no se ve en otros de su edad, lo mismo en inglés que en italiano, proviene de una ciudad a la altura del mar, en donde se pintaron un par de líneas que en algún momento eran ocupadas por calandrias y que hoy entre tierra y polvo, no conectan a ninguna parte.

Alguna vez escuché que la vid, entre más estresada, mejor fruto proveía y así suele suceder con nuestros deportistas.

Por lo pronto, la Ensenada de las playas más contaminadas, la que ha alcanzado pódiums internacionales en materia de inseguridad, hoy es nombrada por las piernas que empujan los pedales que buscan llegar a Roma con el primer puesto y con ello, esta tierra en donde las buenas nuevas suelen ser escasas, tendrá, de sostener la ventaja de menos de un minuto con la que cuenta el ensenadense, al mejor tenista, el mejor gimnasta y el mejor ciclista mexicano en la historia.

Que Ensenada siga poniendo sus ojos madrugadores en Italia, que allá hay un embajador que nos llena de orgullo.