Ganó Isaac otra vez. ¿Qué podemos esperar de él en el Tour de Francia?


Por Néstor Cruz Tijerina
Tres victorias World Tour en una sola temporada. Detengámonos un momento para dimensionarlo.
Lo que está logrando Isaac del Toro en 2026 equivale, guardando las proporciones, a que la Selección Mexicana ganara tres Copas América en un mismo año. Así de extraordinario es. Así de improbable parecía hace apenas unos años.
Y lo más impresionante es que Isaac lo está haciendo sin estridencias. Sin declaraciones grandilocuentes. Sin vender humo.
Dentro de un par de semanas llegará el Tour de Francia, la máxima competencia del ciclismo mundial. El equivalente al Mundial de futbol. Y ahí estará nuestro «Torito» ensenadense. La pregunta es inevitable:
¿Qué podemos esperar de Isaac en el Tour?
Lo primero es entender una realidad que muchos aficionados ocasionales quizá desconocen: Isaac no llegará como líder de su equipo. Su misión principal será trabajar para el esloveno Tadej Pogacar, probablemente el mejor ciclista del planeta y para muchos ya uno de los mejores de todos los tiempos.
El ciclismo no es un deporte individual. Es una guerra colectiva sobre bicicletas.
Cuando llegue la montaña, Isaac tendrá que ayudar a Pogacar a subir. Marcar el ritmo. Desgastar rivales. Protegerlo. Y después hacerse a un lado para que su líder remate el trabajo. Así funcionan los grandes equipos.
Por eso, salvo que los astros se alineen de manera muy específica, Isaac no parte como candidato real a ganar el Tour de Francia este año.
Lo normal. Lo lógico. Lo ideal: Sería verlo pelear una etapa, mostrarse entre los mejores jóvenes del mundo y conseguir una clasificación general respetable mientras cumple con su papel dentro del UAE Team Emirates.
Y eso ya sería extraordinario.
Hago esta reflexión porque conozco bien a muchos aficionados mexicanos. Como diría mi madre, creen que las cosas son «enchiladas». Que Isaac ya debería ganar todo. Que el siguiente paso natural es conquistar inmediatamente el Tour. Pero el deporte de alto rendimiento no funciona así.
Los grandes campeones se construyen paso a paso. Año tras año. Aprendiendo, equivocándose, creciendo. La paciencia también forma parte del éxito. Por eso este texto es un llamado a la prudencia. A disfrutar el momento sin convertir cada carrera en una obligación de ganar. A entender que Isaac hoy pertenece al mejor equipo del mundo y que está aprendiendo diariamente del mejor ciclista de su generación.
Eso vale oro.
También por eso me parece equivocada la supuesta rivalidad que algunos medios y aficionados han querido fabricar con el francés Paul Seixas. Sí, Seixas es un talento enorme. Sí, tiene apenas 19 años y apunta a un futuro brillante. Pero tanto él como Isaac siguen recorriendo el mismo camino: El de convertirse algún día en líderes absolutos de equipos que peleen por ganar grandes vueltas.
Incluso es posible que Seixas tenga mejores resultados individuales en este Tour. No porque sea mejor, sino porque llegará como líder de su escuadra, el Decathlon, y tendrá libertad para correr pensando únicamente en sí mismo. Isaac, en cambio, deberá gastar energías trabajando para Pogacar. Esa diferencia es enorme.
Ahora bien, eso no significa que Isaac tenga prohibido soñar. Si las piernas responden, si las circunstancias lo permiten y si la carrera se desarrolla de cierta manera, podría perfectamente pelear por puestos muy importantes en la clasificación general.
Lo único prácticamente imposible sería verlo atacando a Pogacar mientras ambos defienden los mismos colores.
El único escenario realista donde Isaac pudiera convertirse en aspirante directo al triunfo sería ante un abandono de su líder. Y en un deporte tan duro, tan impredecible y tan peligroso como el ciclismo, eso jamás puede descartarse por completo.
Por eso conviene hacer estas precisiones. No para disminuir lo que está logrando. Todo lo contrario. Porque Isaac acaba de demostrar que posee un nivel capaz de convertirlo en líder de prácticamente cualquier equipo del World Tour. Quizá del 98 por ciento de ellos. Y aun así, su posición actual es privilegiada.
Está creciendo en el mejor entorno posible. Está aprendiendo del mejor. Está construyendo algo que puede durar una década. Así que preparémonos. Porque estamos a punto de vivir un Tour de Francia con presencia mexicana después de muchos años.
Y no cualquier mexicano. Un ensenadense. Uno de los talentos más grandes que ha dado el deporte nacional.
Disfrutemos el viaje. Lo mejor, muy probablemente, apenas está comenzando.
¡Vamos, Isaac!




