Noruega








Por Marco Antonio Domínguez Niebla

¿Intrusos?

Siempre se siente el vacío: primer día sin juego alguno. Pasa cada cuatro años, pero la sensación no deja de ser ambigua. Se viene lo mejor, pero cada vez queda menos de todo: menos juegos, menos discusiones, menos festejos, menos ídolos en el abismo, menos finales trágicos de esos que a algunos siempre nos persiguen acompañados de frases a contra corriente (¿y si sí?, o ¡sí se puede!), sabiendo en el fondo que otra vez no se podrá.

Están los ocho equipos más poderosos, o al menos los que se han ganado el derecho de aspirar a un juego extra, en caso de convertirse en semifinalistas. Las cosas han cambiado. Inimaginable pensar, hace todavía una década, que Alemania e Italia (dos gigantes, dos potencias, dos colosos de esto de cada cuatro años) no aparecieran en una lista de cuartos de final. O qué tal de lo de Brasil, ni siquiera con posibilidad de pensar en una serie de semifinales porque se encontró en su camino a Noruega. Sí, a Noruega. Hoy lo consumado no nos brinca, no nos suena descabellado. Pero vayámonos unos cuantos años atrás para dimensionar el tamaño de la hazaña nórdica, ahora con una nueva misión: derrumbar a otro legendario, Inglaterra, cuya ilusión de volver a ganar como lo hizo en casa hace 60 años a veces suena más utópica que posible.

Definitivamente, reitero, son otros tiempos. ¿Quién esperaría que Suiza y Marruecos amenazaran a los hoy verdaderamente grandes que siguen en la batalla, Argentina y Francia, en la antesala de las semifinales? España ha asomado ya casi por dos décadas como un verdadero aspirante, ahora enfrentado con otro seleccionado siempre considerado pero nunca consolidado: Bélgica.

Este es el panorama. Habrá quien espere que Marruecos, Bélgica, Noruega y Suiza se aparezcan como esos intrusos que de repente se cuelan hasta la última instancia del evento. Yo prefiero la otra historia: ¿qué tal un Francia contra España y un Inglaterra contra Argentina por el todo o nada?